El implante de tejido ovárico preserva fertilidad tras cáncer

La alta tasa de supervivencia al cáncer entre personas jóvenes, debido a los avances en oncología, ha motivado que cada vez sea mayor el interés por preservar su fertilidad para tener hijos en un futuro. En este terreno, la extracción de tejido ovárico antes de que la mujer se someta a tratamientos oncológicos y su posterior implante tras superar la enfermedad, se está consolidando con una opción sencilla y eficaz para preservar la maternidad.
Esta técnica se está aplicando en Bélgica, Israel, Dinamarca y Estados Unidos, y de un total de 30 implantes han nacido seis niños (tres de forma natural y tres por reproducción asistida).
En España, el Hospital Doctor Peset, de Valencia, primer centro sanitario público autorizado para aplicar esta técnica y que cuenta con el más importante banco de tejido ovárico de Europa, ha extraído muestras a 225 mujeres, de las cuales un 58 por ciento padecen o padecían cáncer de mama; un 25 por ciento, enfermedad de Hodgkin, y el 17 por ciento restante otros tipos de tumores.
Hasta ahora, según ha explicado María Sánchez-Serrano, responsable del programa de preservación de fertilidad del centro valenciano, iniciado hace seis años, “hemos realizado seis implantes a pacientes con edades comprendidas entre los 32 y los 39 años”.
Pese a la quimioterapia
Sánchez serrano ha apuntado que en los cinco primeros casos “ya hemos conseguido recuperar la función hormonal; el último implante, muy reciente, se ha efectuado con laparoscopia y estamos a la espera de resultados”. Y esos buenos resultados se producen a pesar de que, “de las seis pacientes, cuatro habían recibido quimioterapia antes de la extracción”.
Aunque la base de esta técnica es conseguir una maternidad natural, una de ellas “está siendo sometida a reproducción asistida para intentar quedarse embarazada”, un proceso por el que había pasado ya antes de la extracción e implante “porque se había detectado que era infértil”. A juicio de Sánchez-Serrano, que tiene previsto realizar dos o tres nuevas intervenciones en los próximos meses, “tanto desde una perspectiva técnica como desde la seguridad o resultados, el implante de tejido ovárico es sencillo y muy fiable”.
Además, al aplicarlo “siempre dejamos opciones, ya que si el tratamiento oncológico no afecta a la fertilidad, queda un ovario completo y el otro, también útil”. Ha recordado que la técnica es válida también para niñas y adolescentes y, aunque considera conveniente que haya un tope máximo para la extracción, alrededor de los 37 años, no se ha atrevido a fijar una edad mínima.
Hacia la práctica habitual
El principal escollo es el “desconocimiento de la técnica por parte de la población en general, las mujeres susceptibles de requerirla y, sobre todo, los propios profesionales sanitarios”.
Por ello, desde el Peset se trabaja para exportarla a todos los centros españoles interesados, con el objetivo “de que forme parte de la práctica clínica habitual, por lo menos de un grupo más o menos especializado de ginecólogos”. La experta ha remarcado que “se trata de algo necesario, ya que los casos de cáncer van en aumento”.
Esta técnica también puede ser aplicada en otros terrenos, como en enfermedades benignas en las que no sea posible dejar el ovario in situ o en las autoinmunes, que cada vez están cogiendo mayor peso porcentual. En este segundo campo “se realizan trasplantes de progenitores hematopoyéticos y para ello se emplean los mismos quimioterápicos que para las enfermedades oncológicas, en concreto los que más perjudican a los ovarios”.
Edurne Novella-Maestre, investigadora del programa, ha destacado que las nuevas líneas “se centran en el desarrollo de procedimientos de criopreservación para mejorar la conservación del tejido ovárico, y métodos para facilitar el riego del propio implante”, sin olvidar la evaluación de cómo afectan los diferentes tipos de cáncer a este tejido y a los niveles hormonales.
Terapia bajo cero
El proceso para la extracción de tejido ovárico se inicia antes de que la paciente haya iniciado un tratamiento con radioterapia, quimioterapia o una combinación de ambas, ya que estas técnicas provocan en la mujer un fallo ovárico precoz. Se realiza a través de cirugía laparoscópica y, una vez obtenidas las muestras, se congelan con nitrógeno a una temperatura de -196 ºC. Sánchez-Serrano ha destacado que “de esta manera se pueden mantener intactos un mínimo de 15 años sin ningún problema”. Una vez superada la enfermedad se reimplanta en la mujer, recuperando así su función hormonal.
Fuente: dmedicina.com