Archivo de septiembre de 2009
Las obras de la nueva unidad de reproducción asistida del Hospital Virgen del Camino comenzarán en enero de 2010
Las obras de construcción de la nueva Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen del Camino, para las que el departamento de Salud destinará un total de, aproximadamente, 870.000 euros, comenzarán en enero de 2010.
Así lo indicó esta mañana el director de este centro hospitalario, Fernando Boneta, en el transcurso de una rueda de prensa. Según explicó, estas instalaciones ocuparán un total de 355 metros cuadrados útiles y se ubicarán anexas a la actual zona de endoscopias, situada en el semisótano del centro hospitalario.
El inmueble, contará con tres zonas diferenciadas. Por un lado, una de entrada de pacientes, otra de quirófano/laboratorios y otra de apoyo.
La primera de ellas consta de una sala de espera, sala de obtención de muestras, cuatro consultas y zona de control administrativo. Por su paret, la zona de quirófanos/laboratorios estará integrada por una sala de punciones o quirófano (tanto para la extracción del líquido folicular como para la transferencia embrionaria), otra de despertar con capacidad para cuatro pacientes, laboratorio de andrología y laboratorio fiv (fecundación in vitro). Por último, el área de apoyos está integrada por dependencias para el personal sanitario, cuarto de residuos, almacén y limpieza.
La construcción de esta nueva unidad surge de la necesidad de “ampliar, mejorar y centralizar” los servicios de la ya existente, expuso Boneta, con el fin de “dar una mejor atención al paciente”. Para abordar su construcción, detalló, fue preciso estudiar la situación actual y elaborar posteriormente un Plan Funcional que establecía las necesidades de la unidad y la dotación de personal necesaria para atenderla.
Actualmente, las dependencias destinadas a tratar problemas de fertilidad en el Hospital Virgen del Camino se ubican principalmente en el Centro de Consultas Príncipe de Viana y en otras zonas del hospital que se hallan dispersas. Están atendidas por tres médicos y personal auxiliar y técnico de laboratorio.
En la nueva Unidad de Fertilidad -que concentrará todos los servicios en un mismo espacio físico- trabajarán tres o cuatro ginecólogos, un urólogo, un anestesista, cuatro ATS/DUE, un celador y personal de laboratorio.
Guía para una vida sin hijos
Hace dos semanas una escritora y consultora estadounidense, publicó en el blog Motherlode del New York Times esta columna hablando sobre su infertilidad.
Hace casi dos años decidí aceptar que jamás tendría hijos. Tenía 37 años y acababa de saber que mi fertilización in vitro había fallado. Nuestra batalla por ocho años contra la infertilidad incluyó seis inseminaciones artificiales, una cirugía, remedios, inyecciones de hormonas e innumerables (y a veces costosos) procesos. Cada nuevo test o tratamiento traía consigo la esperanza de que, esta vez, sí funcionaría. De todo aquello, lo que me quedó para mostrar es una foto de tres tristes grupitos de células -los embriones que no se implantaron- y ninguna explicación real de por qué no logré embarazarme.
Toda mujer que enfrenta la infertilidad debe decidir cuándo ha sido suficiente, cuándo ha llegado a su límite ético, emocional y/o financiero. A mí, mi sentido de la eficiencia me decía que si investigaba todas las opciones, buscaba ayuda en los mejores profesionales y seguía sus instrucciones, yo obtendría lo que quería. Hice todo ello hasta la obsesión, pero nuestras opciones se iban agotando. ¿Otra fertilización in vitro? ¿Donantes de óvulos? ¿Madre sustituta? No podíamos financiar otro tratamiento más y comenzábamos a sentirnos mareados con los riesgos asociados a los medicamentos y tecnologías involucradas. Sin embargo, mi principal razón para decir basta fue que ya estaba cansada de sentirme frustrada y desesperada. Necesitaba dejar de intentarlo para poder volver a vivir.
Desde entonces, he reflexionado sobre mi trayectoria en la búsqueda de un hijo y sus repercusiones. La infertilidad -definida como la incapacidad de concebir tras al menos un año de relaciones sexuales sin protección- no es una discapacidad, porque técnicamente no se necesita tener hijos para llevar una vida saludable. Para mí, es más bien un leve síndrome biopsicológico de por vida. Mi incapacidad física para producir niños tiene consecuencias emocionales y sociales con las que lucho cada día. Estas son algunas de sus manifestaciones.
Carencia de familia: siempre pensé que un niño nos transformaría de una pareja feliz en una orgullosa familia con una casa llena de amor. Esto era importante para mí, porque desafortunadamente no vengo de un hogar armonioso. Y el hecho es que la familia sigue siendo el único y mayor principio organizador de una vida establecida. Basta una caminata por mi barrio para dar cuenta de ello. Las parejas jóvenes conversan en el pasto después del trabajo, mientras sus hijos andan en bicicleta y dibujan con tizas de colores en las veredas. Mi marido y yo, a un costado, terminamos por sentirnos desentonando. La infertilidad es un tipo único de soledad.
Identidad de género: la maternidad sigue siendo central en el ser mujer, esa mágica cosa que hacen los cuerpos femeninos. También es algo socialmente premiado y una suerte de respaldo a la feminidad. En momentos de sinceridad, las madres confidencian que les gustó estar embarazadas por toda la atención que tuvieron. Como mujer infértil, me siento raramente asexuada, especialmente cuando miro a alguien que espera guagua. Si no puedo hacer eso (estar embarazada), ¿sigo realmente siendo una mujer?
Dilema en la amistad: es desafiante tener amigos que tienen hijos. Naturalmente, las personas que dedican sus vidas a criar hijos quieren hablar sobre ellos -la búsqueda de un buen jardín infantil, dónde ir de vacaciones familiares, cómo instalar una silla de niño para auto. Yo no tengo relación con esos temas y no tengo nada que agregar. A veces esas exhaustivas conversaciones sobre los hijos de otros me dejan tan alienada que siento la necesidad de levantarme e irme de donde esté.
Buscando un sentido: yo pensaba que un hijo me inculcaría en la vida un nuevo sentido de foco y propósitos. Pero la infertilidad me creó un vacío de significado. Y encendió en mí una renovada obligación por desenterrar mis pasiones y trabajar hacia mis objetivos. A menudo las madres describen el dar a luz como la más increíble experiencia que hayan vivido; el tomar por primera vez a su hijo como trascendente, y la crianza de éstos como “el más duro de los trabajos que amarás”. Yo siento la necesidad de crear proyectos en marcha y experiencias tan sublimes como esas. Es una presión por embarcarse en una vida bien vivida, aun cuando nunca criaré niños.
“Por qué no adoptas simplemente?” es algo que escucho frecuentemente cuando les cuento de mi infertilidad a otros. Lo más interesante es que esas mismas personas suelen tener hijos biológicos y jamás han pensado por un minuto en adoptar. Después de tanto tiempo sin niños, todavía me siento ambivalente sobre la adopción. Admiro a quienes lo han hecho, pero no es para mí.
En vano he buscado por las habitaciones repletas de feministas furibundas que hablan sobre las maravillas que han logrado con todo el dinero, creatividad y energía que se han ahorrado al no tener niños. Pero tristemente descubro que no existe una guía para crearse una vida plena sin hijos. Es una situación que se resuelve en el camino.
A ratos es tentador definirme a mí misma como opositora a la paternidad. He pensado en dejar mi barrio que está orientado a las familias e irme a vivir al centro con alguna comunidad. También debo controlarme de no ostentar de mi tiempo libre y extravagantes indulgencias conmigo misma frente a mis amigos necesitados de sueño que son padres. Todavía no he logrado incorporar a mi vida a los niños de otras personas (algo que me dijeron es bueno hacer).
Mientras escribo esto, reconozco por primera vez mi fuerza y coraje de vivir con la infertilidad y con la decisión de no tener niños. Envalentonada, les pido a quienes han sido bendecidos con sus propios hijos que consideren lo siguiente: su familia es su fortuna, pero no todos tienen esa suerte. Sea cuidadoso sobre cuándo, cómo, a quién y, sobre todo, cuánto habla sobre sus niños. Así como no está bien mostrarse abiertamente resentida sobre la infertilidad, tampoco lo es alardear como padre orgulloso.
Si me preguntas si tengo hijos y te cuento que no puedo, un simple “lo siento” bastará. No hay necesidad de continuar con preguntas o salir con consejos o bromas. Por favor, tampoco palidezcas o actúes como si hubiese dicho algo inapropiado. Con la cantidad de información íntima compartida gratuitamente por estos días, no es necesario establecer un estigma a la infertilidad.
Para los otros que están experimentando vívidamente la angustia de la infertilidad, la buena noticia es que mejora. Desde el día en que tomé la decisión de dejar de intentarlo, nunca he mirado atrás. Mi marido y yo hemos sobrevivido a lo que probablemente sea uno de los desafíos más grandes que jamás enfrentaremos como pareja, hemos creado un vínculo y una intimidad que francamente no hubiesen sido posibles si tuviéramos que criar un niño. Y cada día presenta nuevas oportunidades de tener una feliz y satisfactoria vida como una mujer que no es madre.
Las obras de la nueva unidad de reproducción asistida del Hospital Virgen del Camino comenzarán en enero de 2010
Las obras de construcción de la nueva Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen del Camino, para las que el departamento de Salud destinará un total de, aproximadamente, 870.000 euros, comenzarán en enero de 2010.
Así lo indicó esta mañana el director de este centro hospitalario, Fernando Boneta, en el transcurso de una rueda de prensa. Según explicó, estas instalaciones ocuparán un total de 355 metros cuadrados útiles y se ubicarán anexas a la actual zona de endoscopias, situada en el semisótano del centro hospitalario.
El inmueble, contará con tres zonas diferenciadas. Por un lado, una de entrada de pacientes, otra de quirófano/laboratorios y otra de apoyo.
La primera de ellas consta de una sala de espera, sala de obtención de muestras, cuatro consultas y zona de control administrativo. Por su paret, la zona de quirófanos/laboratorios estará integrada por una sala de punciones o quirófano (tanto para la extracción del líquido folicular como para la transferencia embrionaria), otra de despertar con capacidad para cuatro pacientes, laboratorio de andrología y laboratorio fiv (fecundación in vitro). Por último, el área de apoyos está integrada por dependencias para el personal sanitario, cuarto de residuos, almacén y limpieza.
La construcción de esta nueva unidad surge de la necesidad de “ampliar, mejorar y centralizar” los servicios de la ya existente, expuso Boneta, con el fin de “dar una mejor atención al paciente”. Para abordar su construcción, detalló, fue preciso estudiar la situación actual y elaborar posteriormente un Plan Funcional que establecía las necesidades de la unidad y la dotación de personal necesaria para atenderla.
Actualmente, las dependencias destinadas a tratar problemas de fertilidad en el Hospital Virgen del Camino se ubican principalmente en el Centro de Consultas Príncipe de Viana y en otras zonas del hospital que se hallan dispersas. Están atendidas por tres médicos y personal auxiliar y técnico de laboratorio.
En la nueva Unidad de Fertilidad -que concentrará todos los servicios en un mismo espacio físico- trabajarán tres o cuatro ginecólogos, un urólogo, un anestesista, cuatro ATS/DUE, un celador y personal de laboratorio.
Guía para una vida sin hijos
Hace dos semanas una escritora y consultora estadounidense, publicó en el blog Motherlode del New York Times esta columna hablando sobre su infertilidad.
Hace casi dos años decidí aceptar que jamás tendría hijos. Tenía 37 años y acababa de saber que mi fertilización in vitro había fallado. Nuestra batalla por ocho años contra la infertilidad incluyó seis inseminaciones artificiales, una cirugía, remedios, inyecciones de hormonas e innumerables (y a veces costosos) procesos. Cada nuevo test o tratamiento traía consigo la esperanza de que, esta vez, sí funcionaría. De todo aquello, lo que me quedó para mostrar es una foto de tres tristes grupitos de células -los embriones que no se implantaron- y ninguna explicación real de por qué no logré embarazarme.
Toda mujer que enfrenta la infertilidad debe decidir cuándo ha sido suficiente, cuándo ha llegado a su límite ético, emocional y/o financiero. A mí, mi sentido de la eficiencia me decía que si investigaba todas las opciones, buscaba ayuda en los mejores profesionales y seguía sus instrucciones, yo obtendría lo que quería. Hice todo ello hasta la obsesión, pero nuestras opciones se iban agotando. ¿Otra fertilización in vitro? ¿Donantes de óvulos? ¿Madre sustituta? No podíamos financiar otro tratamiento más y comenzábamos a sentirnos mareados con los riesgos asociados a los medicamentos y tecnologías involucradas. Sin embargo, mi principal razón para decir basta fue que ya estaba cansada de sentirme frustrada y desesperada. Necesitaba dejar de intentarlo para poder volver a vivir.
Desde entonces, he reflexionado sobre mi trayectoria en la búsqueda de un hijo y sus repercusiones. La infertilidad -definida como la incapacidad de concebir tras al menos un año de relaciones sexuales sin protección- no es una discapacidad, porque técnicamente no se necesita tener hijos para llevar una vida saludable. Para mí, es más bien un leve síndrome biopsicológico de por vida. Mi incapacidad física para producir niños tiene consecuencias emocionales y sociales con las que lucho cada día. Estas son algunas de sus manifestaciones.
Carencia de familia: siempre pensé que un niño nos transformaría de una pareja feliz en una orgullosa familia con una casa llena de amor. Esto era importante para mí, porque desafortunadamente no vengo de un hogar armonioso. Y el hecho es que la familia sigue siendo el único y mayor principio organizador de una vida establecida. Basta una caminata por mi barrio para dar cuenta de ello. Las parejas jóvenes conversan en el pasto después del trabajo, mientras sus hijos andan en bicicleta y dibujan con tizas de colores en las veredas. Mi marido y yo, a un costado, terminamos por sentirnos desentonando. La infertilidad es un tipo único de soledad.
Identidad de género: la maternidad sigue siendo central en el ser mujer, esa mágica cosa que hacen los cuerpos femeninos. También es algo socialmente premiado y una suerte de respaldo a la feminidad. En momentos de sinceridad, las madres confidencian que les gustó estar embarazadas por toda la atención que tuvieron. Como mujer infértil, me siento raramente asexuada, especialmente cuando miro a alguien que espera guagua. Si no puedo hacer eso (estar embarazada), ¿sigo realmente siendo una mujer?
Dilema en la amistad: es desafiante tener amigos que tienen hijos. Naturalmente, las personas que dedican sus vidas a criar hijos quieren hablar sobre ellos -la búsqueda de un buen jardín infantil, dónde ir de vacaciones familiares, cómo instalar una silla de niño para auto. Yo no tengo relación con esos temas y no tengo nada que agregar. A veces esas exhaustivas conversaciones sobre los hijos de otros me dejan tan alienada que siento la necesidad de levantarme e irme de donde esté.
Buscando un sentido: yo pensaba que un hijo me inculcaría en la vida un nuevo sentido de foco y propósitos. Pero la infertilidad me creó un vacío de significado. Y encendió en mí una renovada obligación por desenterrar mis pasiones y trabajar hacia mis objetivos. A menudo las madres describen el dar a luz como la más increíble experiencia que hayan vivido; el tomar por primera vez a su hijo como trascendente, y la crianza de éstos como “el más duro de los trabajos que amarás”. Yo siento la necesidad de crear proyectos en marcha y experiencias tan sublimes como esas. Es una presión por embarcarse en una vida bien vivida, aun cuando nunca criaré niños.
“Por qué no adoptas simplemente?” es algo que escucho frecuentemente cuando les cuento de mi infertilidad a otros. Lo más interesante es que esas mismas personas suelen tener hijos biológicos y jamás han pensado por un minuto en adoptar. Después de tanto tiempo sin niños, todavía me siento ambivalente sobre la adopción. Admiro a quienes lo han hecho, pero no es para mí.
En vano he buscado por las habitaciones repletas de feministas furibundas que hablan sobre las maravillas que han logrado con todo el dinero, creatividad y energía que se han ahorrado al no tener niños. Pero tristemente descubro que no existe una guía para crearse una vida plena sin hijos. Es una situación que se resuelve en el camino.
A ratos es tentador definirme a mí misma como opositora a la paternidad. He pensado en dejar mi barrio que está orientado a las familias e irme a vivir al centro con alguna comunidad. También debo controlarme de no ostentar de mi tiempo libre y extravagantes indulgencias conmigo misma frente a mis amigos necesitados de sueño que son padres. Todavía no he logrado incorporar a mi vida a los niños de otras personas (algo que me dijeron es bueno hacer).
Mientras escribo esto, reconozco por primera vez mi fuerza y coraje de vivir con la infertilidad y con la decisión de no tener niños. Envalentonada, les pido a quienes han sido bendecidos con sus propios hijos que consideren lo siguiente: su familia es su fortuna, pero no todos tienen esa suerte. Sea cuidadoso sobre cuándo, cómo, a quién y, sobre todo, cuánto habla sobre sus niños. Así como no está bien mostrarse abiertamente resentida sobre la infertilidad, tampoco lo es alardear como padre orgulloso.
Si me preguntas si tengo hijos y te cuento que no puedo, un simple “lo siento” bastará. No hay necesidad de continuar con preguntas o salir con consejos o bromas. Por favor, tampoco palidezcas o actúes como si hubiese dicho algo inapropiado. Con la cantidad de información íntima compartida gratuitamente por estos días, no es necesario establecer un estigma a la infertilidad.
Para los otros que están experimentando vívidamente la angustia de la infertilidad, la buena noticia es que mejora. Desde el día en que tomé la decisión de dejar de intentarlo, nunca he mirado atrás. Mi marido y yo hemos sobrevivido a lo que probablemente sea uno de los desafíos más grandes que jamás enfrentaremos como pareja, hemos creado un vínculo y una intimidad que francamente no hubiesen sido posibles si tuviéramos que criar un niño. Y cada día presenta nuevas oportunidades de tener una feliz y satisfactoria vida como una mujer que no es madre.
Las obras de la nueva unidad de reproducción asistida del Hospital Virgen del Camino comenzarán en enero de 2010
Las obras de construcción de la nueva Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen del Camino, para las que el departamento de Salud destinará un total de, aproximadamente, 870.000 euros, comenzarán en enero de 2010.
Así lo indicó esta mañana el director de este centro hospitalario, Fernando Boneta, en el transcurso de una rueda de prensa. Según explicó, estas instalaciones ocuparán un total de 355 metros cuadrados útiles y se ubicarán anexas a la actual zona de endoscopias, situada en el semisótano del centro hospitalario.
El inmueble, contará con tres zonas diferenciadas. Por un lado, una de entrada de pacientes, otra de quirófano/laboratorios y otra de apoyo.
La primera de ellas consta de una sala de espera, sala de obtención de muestras, cuatro consultas y zona de control administrativo. Por su paret, la zona de quirófanos/laboratorios estará integrada por una sala de punciones o quirófano (tanto para la extracción del líquido folicular como para la transferencia embrionaria), otra de despertar con capacidad para cuatro pacientes, laboratorio de andrología y laboratorio fiv (fecundación in vitro). Por último, el área de apoyos está integrada por dependencias para el personal sanitario, cuarto de residuos, almacén y limpieza.
La construcción de esta nueva unidad surge de la necesidad de “ampliar, mejorar y centralizar” los servicios de la ya existente, expuso Boneta, con el fin de “dar una mejor atención al paciente”. Para abordar su construcción, detalló, fue preciso estudiar la situación actual y elaborar posteriormente un Plan Funcional que establecía las necesidades de la unidad y la dotación de personal necesaria para atenderla.
Actualmente, las dependencias destinadas a tratar problemas de fertilidad en el Hospital Virgen del Camino se ubican principalmente en el Centro de Consultas Príncipe de Viana y en otras zonas del hospital que se hallan dispersas. Están atendidas por tres médicos y personal auxiliar y técnico de laboratorio.
En la nueva Unidad de Fertilidad -que concentrará todos los servicios en un mismo espacio físico- trabajarán tres o cuatro ginecólogos, un urólogo, un anestesista, cuatro ATS/DUE, un celador y personal de laboratorio.
Guía para una vida sin hijos
Hace dos semanas una escritora y consultora estadounidense, publicó en el blog Motherlode del New York Times esta columna hablando sobre su infertilidad.
Hace casi dos años decidí aceptar que jamás tendría hijos. Tenía 37 años y acababa de saber que mi fertilización in vitro había fallado. Nuestra batalla por ocho años contra la infertilidad incluyó seis inseminaciones artificiales, una cirugía, remedios, inyecciones de hormonas e innumerables (y a veces costosos) procesos. Cada nuevo test o tratamiento traía consigo la esperanza de que, esta vez, sí funcionaría. De todo aquello, lo que me quedó para mostrar es una foto de tres tristes grupitos de células -los embriones que no se implantaron- y ninguna explicación real de por qué no logré embarazarme.
Toda mujer que enfrenta la infertilidad debe decidir cuándo ha sido suficiente, cuándo ha llegado a su límite ético, emocional y/o financiero. A mí, mi sentido de la eficiencia me decía que si investigaba todas las opciones, buscaba ayuda en los mejores profesionales y seguía sus instrucciones, yo obtendría lo que quería. Hice todo ello hasta la obsesión, pero nuestras opciones se iban agotando. ¿Otra fertilización in vitro? ¿Donantes de óvulos? ¿Madre sustituta? No podíamos financiar otro tratamiento más y comenzábamos a sentirnos mareados con los riesgos asociados a los medicamentos y tecnologías involucradas. Sin embargo, mi principal razón para decir basta fue que ya estaba cansada de sentirme frustrada y desesperada. Necesitaba dejar de intentarlo para poder volver a vivir.
Desde entonces, he reflexionado sobre mi trayectoria en la búsqueda de un hijo y sus repercusiones. La infertilidad -definida como la incapacidad de concebir tras al menos un año de relaciones sexuales sin protección- no es una discapacidad, porque técnicamente no se necesita tener hijos para llevar una vida saludable. Para mí, es más bien un leve síndrome biopsicológico de por vida. Mi incapacidad física para producir niños tiene consecuencias emocionales y sociales con las que lucho cada día. Estas son algunas de sus manifestaciones.
Carencia de familia: siempre pensé que un niño nos transformaría de una pareja feliz en una orgullosa familia con una casa llena de amor. Esto era importante para mí, porque desafortunadamente no vengo de un hogar armonioso. Y el hecho es que la familia sigue siendo el único y mayor principio organizador de una vida establecida. Basta una caminata por mi barrio para dar cuenta de ello. Las parejas jóvenes conversan en el pasto después del trabajo, mientras sus hijos andan en bicicleta y dibujan con tizas de colores en las veredas. Mi marido y yo, a un costado, terminamos por sentirnos desentonando. La infertilidad es un tipo único de soledad.
Identidad de género: la maternidad sigue siendo central en el ser mujer, esa mágica cosa que hacen los cuerpos femeninos. También es algo socialmente premiado y una suerte de respaldo a la feminidad. En momentos de sinceridad, las madres confidencian que les gustó estar embarazadas por toda la atención que tuvieron. Como mujer infértil, me siento raramente asexuada, especialmente cuando miro a alguien que espera guagua. Si no puedo hacer eso (estar embarazada), ¿sigo realmente siendo una mujer?
Dilema en la amistad: es desafiante tener amigos que tienen hijos. Naturalmente, las personas que dedican sus vidas a criar hijos quieren hablar sobre ellos -la búsqueda de un buen jardín infantil, dónde ir de vacaciones familiares, cómo instalar una silla de niño para auto. Yo no tengo relación con esos temas y no tengo nada que agregar. A veces esas exhaustivas conversaciones sobre los hijos de otros me dejan tan alienada que siento la necesidad de levantarme e irme de donde esté.
Buscando un sentido: yo pensaba que un hijo me inculcaría en la vida un nuevo sentido de foco y propósitos. Pero la infertilidad me creó un vacío de significado. Y encendió en mí una renovada obligación por desenterrar mis pasiones y trabajar hacia mis objetivos. A menudo las madres describen el dar a luz como la más increíble experiencia que hayan vivido; el tomar por primera vez a su hijo como trascendente, y la crianza de éstos como “el más duro de los trabajos que amarás”. Yo siento la necesidad de crear proyectos en marcha y experiencias tan sublimes como esas. Es una presión por embarcarse en una vida bien vivida, aun cuando nunca criaré niños.
“Por qué no adoptas simplemente?” es algo que escucho frecuentemente cuando les cuento de mi infertilidad a otros. Lo más interesante es que esas mismas personas suelen tener hijos biológicos y jamás han pensado por un minuto en adoptar. Después de tanto tiempo sin niños, todavía me siento ambivalente sobre la adopción. Admiro a quienes lo han hecho, pero no es para mí.
En vano he buscado por las habitaciones repletas de feministas furibundas que hablan sobre las maravillas que han logrado con todo el dinero, creatividad y energía que se han ahorrado al no tener niños. Pero tristemente descubro que no existe una guía para crearse una vida plena sin hijos. Es una situación que se resuelve en el camino.
A ratos es tentador definirme a mí misma como opositora a la paternidad. He pensado en dejar mi barrio que está orientado a las familias e irme a vivir al centro con alguna comunidad. También debo controlarme de no ostentar de mi tiempo libre y extravagantes indulgencias conmigo misma frente a mis amigos necesitados de sueño que son padres. Todavía no he logrado incorporar a mi vida a los niños de otras personas (algo que me dijeron es bueno hacer).
Mientras escribo esto, reconozco por primera vez mi fuerza y coraje de vivir con la infertilidad y con la decisión de no tener niños. Envalentonada, les pido a quienes han sido bendecidos con sus propios hijos que consideren lo siguiente: su familia es su fortuna, pero no todos tienen esa suerte. Sea cuidadoso sobre cuándo, cómo, a quién y, sobre todo, cuánto habla sobre sus niños. Así como no está bien mostrarse abiertamente resentida sobre la infertilidad, tampoco lo es alardear como padre orgulloso.
Si me preguntas si tengo hijos y te cuento que no puedo, un simple “lo siento” bastará. No hay necesidad de continuar con preguntas o salir con consejos o bromas. Por favor, tampoco palidezcas o actúes como si hubiese dicho algo inapropiado. Con la cantidad de información íntima compartida gratuitamente por estos días, no es necesario establecer un estigma a la infertilidad.
Para los otros que están experimentando vívidamente la angustia de la infertilidad, la buena noticia es que mejora. Desde el día en que tomé la decisión de dejar de intentarlo, nunca he mirado atrás. Mi marido y yo hemos sobrevivido a lo que probablemente sea uno de los desafíos más grandes que jamás enfrentaremos como pareja, hemos creado un vínculo y una intimidad que francamente no hubiesen sido posibles si tuviéramos que criar un niño. Y cada día presenta nuevas oportunidades de tener una feliz y satisfactoria vida como una mujer que no es madre.
Las obras de la nueva unidad de reproducción asistida del Hospital Virgen del Camino comenzarán en enero de 2010
Las obras de construcción de la nueva Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen del Camino, para las que el departamento de Salud destinará un total de, aproximadamente, 870.000 euros, comenzarán en enero de 2010.
Así lo indicó esta mañana el director de este centro hospitalario, Fernando Boneta, en el transcurso de una rueda de prensa. Según explicó, estas instalaciones ocuparán un total de 355 metros cuadrados útiles y se ubicarán anexas a la actual zona de endoscopias, situada en el semisótano del centro hospitalario.
El inmueble, contará con tres zonas diferenciadas. Por un lado, una de entrada de pacientes, otra de quirófano/laboratorios y otra de apoyo.
La primera de ellas consta de una sala de espera, sala de obtención de muestras, cuatro consultas y zona de control administrativo. Por su paret, la zona de quirófanos/laboratorios estará integrada por una sala de punciones o quirófano (tanto para la extracción del líquido folicular como para la transferencia embrionaria), otra de despertar con capacidad para cuatro pacientes, laboratorio de andrología y laboratorio fiv (fecundación in vitro). Por último, el área de apoyos está integrada por dependencias para el personal sanitario, cuarto de residuos, almacén y limpieza.
La construcción de esta nueva unidad surge de la necesidad de “ampliar, mejorar y centralizar” los servicios de la ya existente, expuso Boneta, con el fin de “dar una mejor atención al paciente”. Para abordar su construcción, detalló, fue preciso estudiar la situación actual y elaborar posteriormente un Plan Funcional que establecía las necesidades de la unidad y la dotación de personal necesaria para atenderla.
Actualmente, las dependencias destinadas a tratar problemas de fertilidad en el Hospital Virgen del Camino se ubican principalmente en el Centro de Consultas Príncipe de Viana y en otras zonas del hospital que se hallan dispersas. Están atendidas por tres médicos y personal auxiliar y técnico de laboratorio.
En la nueva Unidad de Fertilidad -que concentrará todos los servicios en un mismo espacio físico- trabajarán tres o cuatro ginecólogos, un urólogo, un anestesista, cuatro ATS/DUE, un celador y personal de laboratorio.
Guía para una vida sin hijos
Hace dos semanas una escritora y consultora estadounidense, publicó en el blog Motherlode del New York Times esta columna hablando sobre su infertilidad.
Hace casi dos años decidí aceptar que jamás tendría hijos. Tenía 37 años y acababa de saber que mi fertilización in vitro había fallado. Nuestra batalla por ocho años contra la infertilidad incluyó seis inseminaciones artificiales, una cirugía, remedios, inyecciones de hormonas e innumerables (y a veces costosos) procesos. Cada nuevo test o tratamiento traía consigo la esperanza de que, esta vez, sí funcionaría. De todo aquello, lo que me quedó para mostrar es una foto de tres tristes grupitos de células -los embriones que no se implantaron- y ninguna explicación real de por qué no logré embarazarme.
Toda mujer que enfrenta la infertilidad debe decidir cuándo ha sido suficiente, cuándo ha llegado a su límite ético, emocional y/o financiero. A mí, mi sentido de la eficiencia me decía que si investigaba todas las opciones, buscaba ayuda en los mejores profesionales y seguía sus instrucciones, yo obtendría lo que quería. Hice todo ello hasta la obsesión, pero nuestras opciones se iban agotando. ¿Otra fertilización in vitro? ¿Donantes de óvulos? ¿Madre sustituta? No podíamos financiar otro tratamiento más y comenzábamos a sentirnos mareados con los riesgos asociados a los medicamentos y tecnologías involucradas. Sin embargo, mi principal razón para decir basta fue que ya estaba cansada de sentirme frustrada y desesperada. Necesitaba dejar de intentarlo para poder volver a vivir.
Desde entonces, he reflexionado sobre mi trayectoria en la búsqueda de un hijo y sus repercusiones. La infertilidad -definida como la incapacidad de concebir tras al menos un año de relaciones sexuales sin protección- no es una discapacidad, porque técnicamente no se necesita tener hijos para llevar una vida saludable. Para mí, es más bien un leve síndrome biopsicológico de por vida. Mi incapacidad física para producir niños tiene consecuencias emocionales y sociales con las que lucho cada día. Estas son algunas de sus manifestaciones.
Carencia de familia: siempre pensé que un niño nos transformaría de una pareja feliz en una orgullosa familia con una casa llena de amor. Esto era importante para mí, porque desafortunadamente no vengo de un hogar armonioso. Y el hecho es que la familia sigue siendo el único y mayor principio organizador de una vida establecida. Basta una caminata por mi barrio para dar cuenta de ello. Las parejas jóvenes conversan en el pasto después del trabajo, mientras sus hijos andan en bicicleta y dibujan con tizas de colores en las veredas. Mi marido y yo, a un costado, terminamos por sentirnos desentonando. La infertilidad es un tipo único de soledad.
Identidad de género: la maternidad sigue siendo central en el ser mujer, esa mágica cosa que hacen los cuerpos femeninos. También es algo socialmente premiado y una suerte de respaldo a la feminidad. En momentos de sinceridad, las madres confidencian que les gustó estar embarazadas por toda la atención que tuvieron. Como mujer infértil, me siento raramente asexuada, especialmente cuando miro a alguien que espera guagua. Si no puedo hacer eso (estar embarazada), ¿sigo realmente siendo una mujer?
Dilema en la amistad: es desafiante tener amigos que tienen hijos. Naturalmente, las personas que dedican sus vidas a criar hijos quieren hablar sobre ellos -la búsqueda de un buen jardín infantil, dónde ir de vacaciones familiares, cómo instalar una silla de niño para auto. Yo no tengo relación con esos temas y no tengo nada que agregar. A veces esas exhaustivas conversaciones sobre los hijos de otros me dejan tan alienada que siento la necesidad de levantarme e irme de donde esté.
Buscando un sentido: yo pensaba que un hijo me inculcaría en la vida un nuevo sentido de foco y propósitos. Pero la infertilidad me creó un vacío de significado. Y encendió en mí una renovada obligación por desenterrar mis pasiones y trabajar hacia mis objetivos. A menudo las madres describen el dar a luz como la más increíble experiencia que hayan vivido; el tomar por primera vez a su hijo como trascendente, y la crianza de éstos como “el más duro de los trabajos que amarás”. Yo siento la necesidad de crear proyectos en marcha y experiencias tan sublimes como esas. Es una presión por embarcarse en una vida bien vivida, aun cuando nunca criaré niños.
“Por qué no adoptas simplemente?” es algo que escucho frecuentemente cuando les cuento de mi infertilidad a otros. Lo más interesante es que esas mismas personas suelen tener hijos biológicos y jamás han pensado por un minuto en adoptar. Después de tanto tiempo sin niños, todavía me siento ambivalente sobre la adopción. Admiro a quienes lo han hecho, pero no es para mí.
En vano he buscado por las habitaciones repletas de feministas furibundas que hablan sobre las maravillas que han logrado con todo el dinero, creatividad y energía que se han ahorrado al no tener niños. Pero tristemente descubro que no existe una guía para crearse una vida plena sin hijos. Es una situación que se resuelve en el camino.
A ratos es tentador definirme a mí misma como opositora a la paternidad. He pensado en dejar mi barrio que está orientado a las familias e irme a vivir al centro con alguna comunidad. También debo controlarme de no ostentar de mi tiempo libre y extravagantes indulgencias conmigo misma frente a mis amigos necesitados de sueño que son padres. Todavía no he logrado incorporar a mi vida a los niños de otras personas (algo que me dijeron es bueno hacer).
Mientras escribo esto, reconozco por primera vez mi fuerza y coraje de vivir con la infertilidad y con la decisión de no tener niños. Envalentonada, les pido a quienes han sido bendecidos con sus propios hijos que consideren lo siguiente: su familia es su fortuna, pero no todos tienen esa suerte. Sea cuidadoso sobre cuándo, cómo, a quién y, sobre todo, cuánto habla sobre sus niños. Así como no está bien mostrarse abiertamente resentida sobre la infertilidad, tampoco lo es alardear como padre orgulloso.
Si me preguntas si tengo hijos y te cuento que no puedo, un simple “lo siento” bastará. No hay necesidad de continuar con preguntas o salir con consejos o bromas. Por favor, tampoco palidezcas o actúes como si hubiese dicho algo inapropiado. Con la cantidad de información íntima compartida gratuitamente por estos días, no es necesario establecer un estigma a la infertilidad.
Para los otros que están experimentando vívidamente la angustia de la infertilidad, la buena noticia es que mejora. Desde el día en que tomé la decisión de dejar de intentarlo, nunca he mirado atrás. Mi marido y yo hemos sobrevivido a lo que probablemente sea uno de los desafíos más grandes que jamás enfrentaremos como pareja, hemos creado un vínculo y una intimidad que francamente no hubiesen sido posibles si tuviéramos que criar un niño. Y cada día presenta nuevas oportunidades de tener una feliz y satisfactoria vida como una mujer que no es madre.
Zacatecas no cuenta estadística de infertilidad
Las principales causas de esterilidad en las parejas se atribuyen principalmente a inflamación pélvica, alteraciones en las trompas, en el moco cervical, pólipos y miomas, causas uterinas, causas ováricas, alteraciones hormonales, producción espermática baja, entre otras. Aunque también existen causas desconocidas.
Lo anterior lo dio a conocer en entrevista Abelardo Acuña Bernal, presidente de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Zacatecas, A.C., quien aseguró además, que un 90 por ciento de los casos de parejas con problemas de infertilidad, tienen solución con un tratamiento adecuado, ya sea con medicamento o con las diferentes técnicas de reproducción asistida.
El 10 por ciento restante, no responde a los diversos procesos implementados para la concepción por causas desconocidas.
Resaltó que las principales causas de infertilidad; son el síndrome de ovario poliquístico (lo más frecuente en las mujeres), neomatósis uterina y otro tipo de alteraciones hormonales, también hay pacientes con enfermedades en la tiroides (hipertiroideas o hipotiriodeas). En los hombres se pudieran presentar algunos tipos de alteraciones hormonales que estén afectando a la producción espermática.
En este sentido explicó que hay varias enfermedades que dificulta llevar a cabo un tratamiento, tal es el caso de la endometriosis. No obstante, las técnicas nuevas de reproducción asistida pueden lograr la concepción, aunque hay casos en los que no responden a toda la nueva tecnología.
En el Estado no hay una estadística que maneje la biología de la reproducción o las técnicas que se realizan, ya que no hay un Centro de la Reproducción en Zacatecas como tal, subrayó.
Hay médicos que se dedican a hacer biología de la reproducción, pero la limitante en la tecnología es la que obliga a que solamente sea a un nivel la atención brindada.
LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS NO CAUSAN ESTERILIDAD PERMANENTE
La utilización de métodos anticonceptivos por tiempo indeterminado no es una causa de esterilidad, “es un mito que se corre de voz en voz”, subrayó el especialista.
Es un mito también, que los métodos anticonceptivos pueden ser un factor determinante para ocasionar cáncer. Los médicos tienen la obligación de realizar un historial clínico a la paciente y una exploración completa cuando las pacientes acuden a solicitar un método anticonceptivo.
Agregó que “se debe de ver la edad, que no tenga problemas circulatorios, hepáticos y coronarios, para determinar si es candidata o no para administrar un método anticonceptivo”.
Una de las ventajas que actualmente tienen los métodos anticonceptivos, es que vienen con dosis muy bajas, por lo tanto ya no se presentan los daños colaterales que se veían en generaciones pasadas, en las que se engordaba y causaba varices entre otros efectos secundarios.
Hay pacientes que independientemente de que tomen o no anticonceptivos hay probabilidades de desarrollar cáncer, lo cual relacionan erróneamente a la práctica de algún método anticonceptivo.
En cuanto a la pastilla de emergencia Acuña Bernal aseveró que ésta se debe de usar siempre con responsabilidad y no abusar de su consumo.
El uso de la pastilla puede ser una vez al año, máximo dos veces y no cada mes, ya que ésta tiene una dosis muy alta de hormona que evita que haya las funciones adecuadas para que haya una fertilización del óvulo, y en caso de hacerse recurrentemente, la paciente afecta a su sistema hormonal.
Cuando la ingesta de la pastilla del día siguiente es superior a lo recomendado, se produce una intoxicación de hormona, fuera de lo que normalmente producen los ovarios, podría incluso ocasionar problemas coronarios, tener mayor propensión a ocasionar problemas mamarios o en ovarios y alteraciones menstruales.
Por ello, recomendó que sólo se utilice en situaciones de verdadera emergenci
Dos médicos de Sant Joan investigarán en Finlandia y Reino Unido
La doctora María Isabel Acién y la enfermera Rosa María Albert, del departamento de Salud Alicante-Sant Joan d’Alacant, han resultado beneficiarias de las ayudas que concede la Conselleria de Sanidad para financiar estancias de expertos sanitarios en centros de investigación extranjeros, en este caso en Finlandia y el Reino Unido.
El objetivo de estas bolsas de ampliación de estudios para el año 2009, de carácter postdoctoral, es que los profesionales de la salud puedan ampliar su formación científica, acceder a recursos e instalaciones de otros países y demás actividades significativas que contribuyan a una mayor capacitación del profesional como investigador en materia sanitaria.
Asimismo, se pretende facilitar la interacción entre los grupos de investigación existentes en la Comunitat y otros afines en el ámbito nacional e internacional.
De este modo, Acién, doctora del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Sant Joan, viajará el próximo octubre hasta la ciudad inglesa de Derby, donde permanecerá 51 días en la Unidad de Fertilidad del “Centre for Reproduction and Early Life” del Derby City General Hospital, perteneciente a la Universidad de Nottingham.
El proyecto que allí desarrollará, denominado “Esterilidad, endometriosis y técnicas de reproducción asistida”, pretende profundizar en los conocimientos relativos a la esterilidad en pacientes con endometriosis y en el manejo clínico de resultados de las técnicas de reproducción asistida en este grupo.
Para ello, “deberé adquirir las habilidades apropiadas para practicar las diferentes técnicas de reproducción asistida, incluida la fecundación in vitro”.
Por otro lado, Albert, doctora en Sociología y enfermera de Salud Mental del centro de salud Cabo Huertas, centrará su estudio en la labor asistencial y la gestión de enfermería de la Unidad de Salud Mental del centro de salud comarcal de Sisi-Savo, situado en la ciudad de Suonenjoki, Finlandia.
Durante su estancia, que tendrá una duración de tres meses, Albert tratará detectar las diferencias relativas a la profesión de enfermería de salud mental más relevantes entre los dos países.
Según ha indicado, “el objetivo de esta investigación debiera servir para aportar una nueva mirada que enriqueciera el quehacer diario de las enfermeras de este ámbito”. EFE