«No hay nada más bonito que crear vida», afirma una embarazada
«La vida viene como viene, y cuando ya me planteé, tarde, tener hijos pues surgieron los problemas». Sin necesidad de salir fuera a otros centros de renombre en el campo de la reproducción asistida, Teresa ha logrado a sus 43 años el sueño de su vida. Llevaba tres y medio intentando quedarse embarazada y al final el ‘milagro’ se ha hecho realidad en la Clínica Ginecológica Juana Hernández. Sólo han pasado dos meses, pero ella y su marido, de 48 años, ambos trabajadores del ámbito sanitario, no tienen ninguna duda de que en marzo serán «unos padres felices». «Sabíamos que por la edad no era fácil, pero la técnica ha estado de nuestro lado y, sobre todo, los dos nos hemos mantenido muy fuertes». Vienen de un primer tratamiento fallido («la primera vez me extrajeron varios óvulos, pero salió mal»), al que siguió otro, el de la ‘vitrificación’, que dio en la diana. Al principio les sonaba a chino, pero ahora lo único que les importa es que ese tratamiento les traerá el niño o la niña. «A mí me da igual, porque estoy que no me lo creo. Mi marido prefiere que sea chico», relata Teresa.El guión del ‘historial de gestación’ de María Jesús, también embarazada por la técnica de vitrificación, es similar al de Teresa, aunque en su caso ya es madre una niña de tres años y medio que llegó por fecundación in vitro. A los dos años de que naciera y como el embarazo natural no llegaba, ella y su marido decidieron recurrir de nuevo a la ciencia. Pero en esta ocasión la fecundación in vitro no dio resultados. «Me vine un poco abajo, porque había tomado medicación hormonal y estaba la experiencia del quirófano… pero todo cambió cuando la doctora Hernández nos habló de la nueva técnica. Nos pusimos en sus manos y todo salió bien. Los embriones que habían sobrado los congelaron mediante vitrificación. Esperamos un par de meses y luego me los transfirieron. Esta vez todo se realizó en la consulta, de forma ambulatoria y con un tratamiento muy suave». La odisea de este matrimonio, de 37 y 38 años, terminó hace doce semanas, cuando les confirmaron su embarazo. María Jesús reconoce que en algún momento se le planteó un conflicto ético sobre los métodos de reproducción asistida: «He leído mucho sobre el tema y acabas planteándote alguna cuestión, pero he llegado a la conclusión de que no hay nada más bonito que crear vida. Veo a mi hija y pienso que es lo mejor», concluye.