Embarazada con esperma de donante
En un país donde las mujeres tenían tres hijos en promedio a inicios de la década, conviven otras que no pueden concebir. Ana era una de ellas hasta hace unos meses. Su marido es infértil. Este año es la primera que se somete a un proceso de inseminación artificial con esperma de donante anónimo. En enero espera dar a luz a un varón
Ana está a unas semanas de dar a luz a un varón. No puede contener la emoción de saber que podrá ser madre, una idea a la que ya había renunciado. Su esposo no es fértil. Sobre su rostro caen algunas lágrimas cuando recuerda lo difícil que fue concebir un bebé; la lucha contra sus creencias religiosas y los temores a ser criticada por la familia, los amigos y los hermanos de la iglesia.
Llevaba ocho años de matrimonio y no había podido quedar embarazada. Hasta entonces comenzaron a consultar para saber qué les estaba pasando. La primera puerta que abrieron fue la del Seguro Social. Salieron decepcionados: ella tenía el útero pequeño y él era estéril. No había nada que hacer, nunca tendrían hijos. “Nos sentimos mal. Vimos las cosas diferentes y aún así decíamos que estábamos por amor y, si Dios no quería que tuviéramos un hijo, así iba a ser”, comentó Ana.
La pareja se enfrentaba también a las preguntas sin respuesta de los más allegados. ¿Y cuándo van a tener un hijo?, ¿qué están esperando?.
No se rindieron. El siguiente paso fue una cita en un hospital privado; después a una clínica particular. En ambos tuvieron la misma respuesta: no podrían ser padres.
Se aferraron a su única esperanza, otro especialista en infertilidad. En abril tuvieron la primera entrevista con Carlos Bonilla. A partir de ahí empezó a cambiar su suerte. “Yo estaba más negativa porque creía que lo mismo nos iba a decir. Venía mal de ánimos, era la última oportunidad que nos íbamos a dar”, apuntó Ana.
La clínica de Medicina Reproductiva de Hospital de Maternidad atiende casi cinco mil parejas al año. Dos de cada tres consultas tienen que ver con problemas para tener hijos. “A ellas se les ofrece varios tratamientos; si no logran el embarazo se les habla de la inseminación artificial”, expresó Carlos Bonilla, jefe de la clínica.
Ana y su esposo se sometieron a una tratamiento con medicamentos durante un mes: él para que aumentara sus hormonas y ella para que le creciera el útero. Ante la falta de resultados, el médico les planteó dos alternativas: la inseminación artificial mediante un donante o la adopción de un bebé.
En 2009, trece parejas se han sometido al proceso de inseminación artificial en el Hospital de Maternidad. Cuatro mujeres han salido embarazadas, una de ellas, Ana, con esperma de donante. Otras cinco están en ese proceso. Para las otras cuatro, el proceso de inseminación intrauterina no fue efectivo.
“En este caso, yo no quería. Le decía que quería un bebé de los dos. Mi esposo me dijo que no es padre el que engendra sino el que cría. Consultamos con el sacerdote, él nos orientó y dijo que no era visto bien por la iglesia, pero lo veía desde el punto de vista que ella no iba a ser infiel”, comentó la joven en uno de los últimos chequeos antes de dar a luz.
Las dudas le invadían tanto como el deseo de ser madre. En una de las visitas a la clínica, una pareja les recomendó dar ese paso. Ellos vivieron lo mismo, pero cuando se decidieron había pasado demasiado tiempo.
Bonilla explica que hay una serie de criterios para decidir quiénes se someten a este procedimiento de inseminación artificial. Recuerda que es la última puerta para las parejas que han probado sin éxito los tratamientos anteriores.
El especialista indica que los pacientes se someten a un estudio. Si tienen una enfermedad que puede complicar el embarazo como un problema del corazón y alteraciones siquiátricas, no son candidatos. Además, el perfil indica que debe tener una pareja formal, de no más de dos hijos. La madre no puede ser mayor de 37 años.
En el caso de que el hombre sea estéril, como la pareja de Ana, existe el programa de donación de esperma. Bonilla aclara que el donante también es sometido a una serie de exámenes rigurosos para garantizar que no tenga alguna enfermedad que pueda transmitir al niño. Además se exige que el donante tenga características físicas similares a la de los salvadoreños, además de que esté libre de VIH/Sida, hepatitis B. También debe ser padre.
En estos casos, todo es confidencial. Ni el donante ni la mujer que recibe el esperma se conocen. Los expedientes se llevan por códigos para evitar que alguien identifique a los que están en ese proceso.
A finales de abril, Ana se sometió a ese proceso y en la primera sesión pudo concebir. A los 15 días, la prueba de embarazo salió positiva. “Yo esperaba que me dijeran que no, pero la sorpresa fue que sí. Fuimos a la iglesia y le dijimos a Dios que si es pecado que nos perdonara, y le dimos las gracias por esa oportunidad que nos dio”, comentó la señora.
La pareja espera el nacimiento de su hijo para enero. Ya le compraron parte de la ropa que usará los primeros días y una pelota.