Archivo de enero de 2010

La fertilidad en las mujeres cae un 90% después de los 30 años

Las mujeres que están cerca de los 30 y todavía ven la maternidad como un proyecto a largo plazo saben que, a su edad, sus mamás ya tenían dos o tres hijos. Invocan el caso de alguna famosa que tuvo un bebé a los cuarenta y pico y postergan en nombre de su profesión o de su estabilidad laboral, pero cuando finalmente se deciden, muchas no logran quedar embarazadas. Los expertos insisten en que no es conveniente retrasar tanto la maternidad y una nueva investigación que dice que después de los 30 años se pierden el 90% de los óvulos competentes, les da la razón. Por eso aconsejan a quienes tienen intención de dilatar el tema, que desde los 28 años vayan haciéndose estudios o congelando sus óvulos.

Se trata de un trabajo conjunto hecho por las universidades escocesas de Saint Andrews y Edimburgo en el que se evaluaron las reservas ováricas de 325 mujeres de distintas edades. La conclusión es que la dificultad que tienen las mujeres para concebir después de los 30 años se debe a que, a esa edad, han usado casi el 90% de sus reservas de óvulos. Y a los 40 años, el 97%.

“Cuando una mujer nace tiene 2 millones de óvulos; cuando llega a la adolescencia le quedan solamente 400.000, el resto los agotó en la infancia. Cuando llega a la menopausia le quedan sólo 1.000. Esto muestra que existe un proceso natural de desgaste, denominado apoptosis. Hasta ahora se sabía que esa caída abrupta se daba a los 35 años pero este trabajo muestra que la fecha de vencimiento de los óvulos está más cerca de los 30 años”, explicó a Clarín Stella Lancuba, especialista en fertilidad y directora del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva (CIMER).

“El estudio demuestra que, en general, las mujeres mayores sobrevaloran sus posibilidades de concebir un hijo”, opinó Hamish Wallace, coautor de la investigación. Según datos de CIMER, cada año hay más mujeres que buscan hijos después del desgaste de sus óvulos: 3 de cada 10 mujeres que van a hacerse un tratamiento tienen más de 40 años. El deterioro de los óvulos aumenta las dificultades para concebir y eleva el riesgo de patologías fetales.

Claro que a los 30 las mujeres continúan fabricando óvulos -de ahí el error de creer que porque siguen menstruando no tienen problemas de fertilidad-; lo que se reduce es la reserva de óvulos potencialmente fértiles: “No es lo mismo tener folículos, óvulos y un estudio hormonal normal, que generar óvulos competentes que den lugar a un bebé nacido sano”, distingue Lancuba.

Como es un fenómeno silencioso “la mujer se da cuenta cuando fracasa en el intento de concebir, por eso lo aconsejable es que no espere al momento de la búsqueda de un hijo para evaluar el estado de su reserva ovárica. Si esa reserva está baja y no tiene planes de maternidad, los 28 años es la mejor edad para pensar en congelar óvulos y tener una oportunidad de concebir a futuro con los propios”, explica Sergio Pasqualini, director del Instituto Halitus. Eso, si su economía se lo permite (ver precios).

¿Hay algo que se pueda hacer para evitar ese desgaste? Dice Pasqualini: “El declinar de la función ovárica está escrito en el librito de fábrica de cada mujer, pero si la reserva es baja ayuda no fumar, tener una buena alimentación y hacer alguna actividad aeróbica y de relajación para enfrentar el estrés”

La fertilidad en las mujeres cae un 90% después de los 30 años

Las mujeres que están cerca de los 30 y todavía ven la maternidad como un proyecto a largo plazo saben que, a su edad, sus mamás ya tenían dos o tres hijos. Invocan el caso de alguna famosa que tuvo un bebé a los cuarenta y pico y postergan en nombre de su profesión o de su estabilidad laboral, pero cuando finalmente se deciden, muchas no logran quedar embarazadas. Los expertos insisten en que no es conveniente retrasar tanto la maternidad y una nueva investigación que dice que después de los 30 años se pierden el 90% de los óvulos competentes, les da la razón. Por eso aconsejan a quienes tienen intención de dilatar el tema, que desde los 28 años vayan haciéndose estudios o congelando sus óvulos.

Se trata de un trabajo conjunto hecho por las universidades escocesas de Saint Andrews y Edimburgo en el que se evaluaron las reservas ováricas de 325 mujeres de distintas edades. La conclusión es que la dificultad que tienen las mujeres para concebir después de los 30 años se debe a que, a esa edad, han usado casi el 90% de sus reservas de óvulos. Y a los 40 años, el 97%.

“Cuando una mujer nace tiene 2 millones de óvulos; cuando llega a la adolescencia le quedan solamente 400.000, el resto los agotó en la infancia. Cuando llega a la menopausia le quedan sólo 1.000. Esto muestra que existe un proceso natural de desgaste, denominado apoptosis. Hasta ahora se sabía que esa caída abrupta se daba a los 35 años pero este trabajo muestra que la fecha de vencimiento de los óvulos está más cerca de los 30 años”, explicó a Clarín Stella Lancuba, especialista en fertilidad y directora del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva (CIMER).

“El estudio demuestra que, en general, las mujeres mayores sobrevaloran sus posibilidades de concebir un hijo”, opinó Hamish Wallace, coautor de la investigación. Según datos de CIMER, cada año hay más mujeres que buscan hijos después del desgaste de sus óvulos: 3 de cada 10 mujeres que van a hacerse un tratamiento tienen más de 40 años. El deterioro de los óvulos aumenta las dificultades para concebir y eleva el riesgo de patologías fetales.

Claro que a los 30 las mujeres continúan fabricando óvulos -de ahí el error de creer que porque siguen menstruando no tienen problemas de fertilidad-; lo que se reduce es la reserva de óvulos potencialmente fértiles: “No es lo mismo tener folículos, óvulos y un estudio hormonal normal, que generar óvulos competentes que den lugar a un bebé nacido sano”, distingue Lancuba.

Como es un fenómeno silencioso “la mujer se da cuenta cuando fracasa en el intento de concebir, por eso lo aconsejable es que no espere al momento de la búsqueda de un hijo para evaluar el estado de su reserva ovárica. Si esa reserva está baja y no tiene planes de maternidad, los 28 años es la mejor edad para pensar en congelar óvulos y tener una oportunidad de concebir a futuro con los propios”, explica Sergio Pasqualini, director del Instituto Halitus. Eso, si su economía se lo permite (ver precios).

¿Hay algo que se pueda hacer para evitar ese desgaste? Dice Pasqualini: “El declinar de la función ovárica está escrito en el librito de fábrica de cada mujer, pero si la reserva es baja ayuda no fumar, tener una buena alimentación y hacer alguna actividad aeróbica y de relajación para enfrentar el estrés”

El Factor Masculino reivindica su papel en los problemas de Infertilidad Humana

241GINEMED / 21 de enero de 2010. La Andrología está alcanzando su dimensionamiento real dentro del campo de la Reproducción, ya que “el varón es algo mucho más importante que el clásico bote de semen”, afirma el doctor Fernando Sánchez, responsable de la Unidad de Reproducción Humana de Clínicas Ginemed y coordinador de las II Jornadas de Actualización y nuevas Perspectivas en Esterilidad por Factor Masculino, que se celebran en el Colegio de Médicos de Sevilla a partir de mañana.
“Hay problemas que requieren un enfoque multidisciplinar y por ello hoy contamos con un abordaje diagnóstico y terapéutico muy distintos a los clásicamente establecidos”.
El Factor Masculino está presente en algo más del 50% de las parejas que precisan tratamientos de Reproducción Asistida. Así mismo subraya que “en la actualidad y gracias a los avances tecnológicos y muy especialmente al Microscopio de Alta Magnificación, se solucionan muchos problemas que antes pasaban desapercibidos o eran considerados de escasa trascendencia”.
En cuanto a las novedades aportadas, detalla que “estas II Jornadas se han estructurado de forma conjunta al I Curso de Desarrollo y Controversias en Andrología, organizado por el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y el Hospital Clínic de Barcelona”, que comienza hoy y que comparten escenario y objetivos.
“La demanda de asistencia de distintos profesionales de la salud, tanto a las II Jornadas como al Curso de Andrología, ha sido tan alta que ha obligado a cambiar la ubicación inicial”, explica.
“En la actualidad se está produciendo un claro reconocimiento del papel que la Andrología viene adquiriendo como una subespecialidad de la Urología, con una especial relevancia y trascendencia sociales”, apunta. Así mismo, destaca el papel jugado por el doctor Pascual Sánchez, director de Clínicas Ginemed, “quien ha llevado a cabo un impulso especial de la Andrología en el ámbito de la Reproducción Humana, dentro de la comunidad autónoma andaluza”.
Por todo ello y en este complejo y apasionado escenario, se ponen en marcha estas II Jornadas de Andrología de Clínicas Ginemed, contando con ponentes de reconocido prestigio nacional e internacional, que “revisarán y profundizarán sobre los distintos factores, alternativas terapéuticas y múltiples situaciones posibles, dentro del campo de la Reproducción Humana, atribuibles al espermatozoide”.

Avances tecnológicos
Una adecuada valoración del varón junto a estudios especializados del Laboratorio de Reproducción, como el Test de Fragmentación del ADN, así como el hecho de poder contar con el primer Microscopio de Alta Magnificación de España, con una resolución de 6.600 aumentos, frente a los
400 aumentos del microscopio estándar, ha permitido mejorar muy sensiblemente los resultados de la Fertilización In Vitro.
El Microscopio de Alta Magnificación posibilita seleccionar espermatozoides, con ausencia de vacuolas dentro del núcleo, hecho que no es posible realizar con el microscopio clásico. La ausencia de vacuolas en el núcleo de los espermatozoides seleccionados, garantizan la óptima calidad de éstos, a la hora fecundar los óvulos disponibles.
Esta óptima selección de espermatozoides, microinyectando los de mejor calidad para la fecundación de los óvulos existentes, hace posible que las tasas de embarazo se incrementen entre un 30 y un 60 %, en los problemas de fertilidad por Factor Masculino y que fracasaban con técnicas de Microinyección Espermáticas Convencionales (ICSI).

La Red acoge a donantes de semen fuera de la ley

1264027606633donaciondetdn1Cientos de jóvenes ofrecen su esperma en Internet a parejas infértiles. Los médicos dicen que es muy difícil culminar un proceso de reproducción asistida sin el apoyo de una clínica especializada.

Cuando hay poco que perder, uno es capaz de aferrarse a un clavo ardiendo. El dicho popular justifica por qué decenas de parejas buscan en foros de Internet la solución a su infertilidad. Centenares de jóvenes, la inmensa mayoría hombres, aprovechan el tirón y ofrecen su semen a quienes no pueden pagar un tratamiento de fertilidad en una clínica, a quienes han agotado esta vía, o bien a mujeres solteras que se resisten a tener un hijo con un tubo de ensayo de un banco de esperma.

Algunos de estos donantes citan técnicas de inseminación caseras que, pese ser muy rudimentarias, los médicos no descartan que puedan llegar a funcionar. En 2006, nacieron 4.006 niños fruto de inseminaciones y donaciones de ovocitos realizados en clínicas, según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad.

Hola, yo estoy donando semen. Tengo 20 años, vivo en Alicante, si alguna pareja no tiene dinero suficiente y está claro que el hombre es el afectado, no me importa hacer la contribución. Si tienen alguna duda, llamen. Ah, soy español. Venga, besos…”. Para acceder a varios de los foros con ofertas de este tipo basta con introducir en un buscador: “Ganar dinero con semen”.

Pese al reclamo económico, que algunos de los ofertantes reconocen, la mayoría de anunciantes demuestra saber que cobrar por sus gametos es ilegal. Por ello, muchos aclaran que piden a cambio de sus células reproductivas “la voluntad”.

La Ley de Reproducción Humana Asistida, de 2006, prohíbe que la donación tenga “carácter lucrativo o comercial”. La norma sí establece una “compensación económica resarcitoria”. El Ministerio de Sanidad debe fijar esta cantidad, que “sólo podrá compensar estrictamente las molestias físicas y los gastos de desplazamiento y laborales que se puedan derivar de la donación”. Incumplir la norma puede acarrear una sanción de hasta 10.000 euros.

Una posible estafa

Los anuncios de “compra-venta” de gametos (óvulos y espermatozoides) en Internet están “fuera de control”, reconoce Miguel Moreno, director del departamento jurídico del Instituto Valenciano de infertilidad (IVI), una de las clínicas de reproducción asistida con más prestigio de España. En el Ministerio de Sanidad aseguran que estos anuncios son una estafa. Pero no existe ningún organismo que vele por evitar estos contenidos.

No obstante, algunos de los donantes consultados aseguran que han dejado embarazadas a varias mujeres sin acostarse con ellas. Así lo relata Pedro (prefiere ocultar su nombre real), que ofrece su semen en Internet. Asegura que el pasado mayo contactó con la primera pareja: “Ella había tenido tres intentos fallidos en una clínica. En junio fui a Madrid, les di dos muestras de semen y ella quedó embarazada”.

Más tarde, una pareja de lesbianas contactó con él. Una de ellas también quedó embarazada. Lo que no logra detallar este rumano, de 22 años, afincado en Alicante desde 2006, es cómo su esperma fecundó los óvulos. Según apunta, la mujer se lo introdujo en la vagina con una jeringuilla.

El director médico del IVI, Antonio Requena, no se cree que se produzcan embarazos con este método. “No tengo constancia, es bastante difícil”, explica. Según destaca, los espermatozoides, una vez entran en contacto con el aire, si bien no mueren inmediatamente se oxidan, lo que dificulta su capacidad de fecundación. “Lo ideal es que pase menos de una hora”, explica.

“Las técnicas de reproducción humana sólo se pueden desarrollar en clínicas autorizadas, cualquier otra posibilidad es prácticamente nula”, aseguran desde Sanidad. Pero nadie controla que así sea. Además, ningún experto asegura que con una técnica rudimentaria sea imposible lograr un embarazo.

Donación anónima

A la ilegalidad de hacer negocio con los gametos hay que añadir que la ley obliga a que la donación sea anónima. “Si una mujer lleva a un hombre a una clínica para que done su semen, el donante tendrá que firmar un consentimiento informado, con el cual se le imputa la paternidad”, explica el jurista Miguel Moreno.

“Yo me arrepentí, quería dinero para mis gastos, pero me asustó pensar que algún día ese niño supiera que yo era su padre”, explica Óscar, estudiante de Vigo de 18 años, que hace unos meses estuvo a punto de donar su semen a una pareja que contactó con él a través de un foro de Internet.

Según explica Moreno, las mujeres solteras son las que más llevan a la clínica a su donante, aunque esta no sea la opción mayoritaria. Si la mujer está casada, no puede acudir a la clínica con un hombre distinto a su marido, salvo que su cónyuge autorice al donante a ser el padre. La razón es que el Código Civil establece automáticamente que los hijos nacidos dentro de un matrimonio son del marido.

El hombre que tiene 400 hijos

En una tarde fresca de otoño, en un suburbio de ann arbor, Michigan, un hombre canoso con bigote mira cómo su hijo de 12 años corre detrás de la pelota. La escena es habitual para un domingo, pero el hombre no es un papá cualquiera. Kirk Maxey, de 51 años, es uno de los donantes de semen más prolíficos de Estados Unidos, y quizás del mundo. Entre 1980 y 1994, donó a una clínica de Michigan dos veces por semana. Según sus propios cálculos, teniendo en cuenta la cantidad de muestras producidas, la cantidad de tratamientos que las usaron y la probabilidad de embarazos, Maxey es el padre biológico de 400 chicos, distribuidos a todo lo largo y ancho del estado y quizás del país. Cuando Maxey era estudiante de medicina en la Universidad de Michigan, su primera esposa, enfermera en una clínica de fertilidad, lo persuadió para que empezara a donar semen destinado a parejas que no pudieran concebir hijos. Su semen era muy valorado por la clínica, dado que resultó tener altas chances de producir embarazos. Le pagaban US$ 20 por muestra, pero Maxey afirma que lo hacía más por un sentido de altruismo y un fuerte instinto paternal. “Me encanta tener hijos, y me parecía injusto que hubiera mujeres condenadas a no poder procrear”, sostiene.

Maxey, quien hoy es CEO de Caymen Chemical, una compañía farmacéutica con 300 empleados, dice que en ese entonces no pensaba demasiado sobre el asunto. Cuando se presentó como voluntario por primera vez, no le hicieron un test genético ni recibió asesoramiento psicológico.
Simplemente firmó un compromiso de anonimato, se encerró en un cuarto con un recipiente en la mano y un par de revistas porno, y no consideró las consecuencias emocionales ni genéticas de su ofrenda durante los siguientes treinta años. En la clínica también le dijeron que iban a usar la mayoría de sus muestras para “investigación básica” sobre métodos de fecundación in vitro, que en los años 80 estaban en sus comienzos, cuando en realidad todos los registros analizados indican que fueron utilizadas en forma exclusiva para lograr embarazos. Más allá de cierta actitud displicente que pueda haber tenido, los estándares laxos (y mentiras) de la clínica explican por qué pudo tener tanta descendencia, enfatiza Maxey.

Pero ahora el “padre serial” tomó conciencia. Y en el tiempo libre que le deja el trabajo en su empresa, se transformó en un activista que impulsa mayores regulaciones oficiales del negocio de la donación de semen. También hizo público su ADN a través del Proyecto de Genoma Personal de la Universidad de Harvard (una iniciativa que recluta voluntarios para que pongan a disposición de científicos o cualquier interesado su genoma y distinto tipo de datos personales), y espera que esa información pueda algún día ser de ayuda a sus descendientes y sus madres. “Este es mi esfuerzo para corregir el error”, dice.

A diferencia de los años ‘70 y ‘80, cuando la donación de semen se hacia cais a escondidas, hoy es una práctica mucho más abierta. En parte, porque la infertilidad, las madres solteras y la paternidad homosexual son socialmente mucho más aceptadas. Cryobank California, un banco con tres décadas de experiencia, comercializa un promedio de 30.000 viales de semen por año. En su sitio web ofrece los perfiles de sus donantes, incluyendo desde rasgos físicos hasta religión, educación, profesión, hobbies y deportes favoritos. El donante 11194, por ejemplo, es un actor y empleado de restaurante con madre anglo-húngara y padre germano-holandés, ojos celestes y sonrisa amistosa, un “caballero que le da valor a la honestidad y el honor” y que pretende ser “un catalizador de cambios positivos en el mundo”. Su rostro, prometen en la empresa, tiene (¿cierto?) parecido con los del bailarín y coreógrafo Derek Hough, el actor Rick Schroeder y el Príncipe William, el hijo mayor de Carlos y Lady Di. Y todo por US$ 535.

Al mismo tiempo, donantes y descendientes se empiezan a contactar entre sí a través de sitios web como Donor Sibling Registry. En 2007, dos de las hijas de Maxey, Ashley y Caitlyn Swetland (hoy de 18 y 21 años) usaron ese site para identificarlo. Las hermanas vivían a escasos 45 minutos de su casa, y a partir de ese momento se visitan unas pocas veces al año, salen a tomar helados o escalar montañas con su padre biológico y su hijo. “A su mamá le habían dicho en la clínica que mi semen se usaría sólo para concebir no más de seis chicos”, protesta Maxey. El episodio lo hizo reflexionar. “Yo pensé que los médicos iban a llevar un registro de cada nacimiento, y no lo hacen… ¿qué pasaría si dos de ellos empiezan a salir?”(en realidad, admitirá luego, las probabilidades matemáticas de que dos de sus descendientes se conozcan y se casen es de apenas uno en un trillón). También lo preocupa su salud genética. “Quería saber si les podía haber transmitido alguna mutación genética particular”, afirma.

Aún hoy, los bancos de semen no están estrictamente regulados. En EE. UU., sólo hay guías de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva que recomiendan que los donantes aporten una historia médica completa  para descartar “anormalidades genéticas” o una historia familiar de enfermedades hereditarias, del mismo modo que propone que reciban asesoramiento psicológico. Pero no hay pautas que guíen la reacción de donantes que son encontrados por sus vástagos, o reglas unívocas sobre cuántos chicos pueden ser concebidos a partir de un solo donante.

Hay clínicas que empiezan a responder algunas de estas cuestiones. En octubre, la revista de la Asociación Médica de Estados Unidos informó que un donante de 23 años, cuyo semen fue utilizado por un banco de San Francisco, le transmitió una afección genética del corazón a nueve de sus 24 descendientes, incluyendo un nene que murió por falla cardíaca a los dos años. Desde entonces, el banco de semen le realiza electrocardiogramas a todos sus donantes potenciales. Maxey asegura que hay documentados docenas de casos donde la progenie de otros donantes, no bien evaluados, sufrió de severas afecciones congénitas o incluso la muerte.

Cappy Rothman, el director médico de California Cryobank, afirma que su banco realiza el “screening” genético de sus donantes. Pero como la mayoría de las empresas del ramo, no fija un número de familias por donante, aunque trata de limitarlo a un rango entre 15 y 25. Tampoco ofrece asesoramiento psicológico, aunque sí sostienen que se aseguran de que el donante comprenda la importancia de lo que está haciendo.

En la Argentina, donde se inseminan poco más de 200 mujeres por año con semen donado, la actividad tampoco está totalmente regulada. Raymon Osés, director de Cryo-Bank en Buenos Aires, dice que según las guías de la  Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (que un mismo donante no se utilice para más de 25 pacientes por cada 750.000 habitantes) se podría usar un solo donante para el centenar de mujeres que se hacen el tratamiento en su centro.  “Pero somos más cautos cuando son grupos que estén muy vinculados entre sí, de pertenencia común o de amigas íntimas o que convivan en pueblos chicos”, declaró en Página/12.

El último año, Maxey se convirtió en uno de los primeros diez voluntarios en publicar su genoma completo en la red, como parte del proyecto PGP de Harvard. Con sólo una muestra de sangre y piel, científicos del PGP constataron que el genoma de Maxey no presenta ninguna sorpresa demasiado desagradable. El ADN revela un leve incremento del 1,9 por ciento en el riesgo de enfermedades cardíacas, comparado con la población general, así como una disminución  en la probabilidad de desarrollar el mal de Alzheimer o perder el cabello (algo que le llamó la atención, porque hoy está calvo casi por completo). “La cuestión no es si cualquier cosa es predecible a partir de los genes, sino si podemos mejorar la calidad de vida con un mayor conocimiento de los genes y el ambiente”, afirma George Church, líder de la iniciativa.

Pero la difusión pública del genoma de Maxey también tiene otra aplicación potencial: sus descendientes ignorados podrían darse cuenta de si es realmente su padre biológico sin haberlo visto nunca cara a cara o tener la necesidad de pasar por el juez. Cualquiera de los, digamos, 398 hijos de Maxey que hasta hoy no lo han contactado, podrían determinar una serie de marcadores genéticos específicos pagando un par de ciento de dólares en compañías como Family Tree DNA o Ancestry.com, para luego compararlos con los que están posteados de su posible padre.

Las posibilidades del reconocimiento genético impulsaron a Maxey a empezar a trabajar con el Donor Sibling Registry para crear una base de datos sin fines de lucro, denominada Cayman Biomedical Research Institute (CBRI), en la que colecta información genética de donantes y descendientes que están interesados en conocerse. Desde que comenzó el proyecto, Maxey logró demostrar el parentezco de cientos de personas, así como media docena de relaciones padre-hijo. CRBI también aboga por mayores regulaciones de los bancos de semen respecto a la información que reciben donantes y familias sobre nacimientos, controles y exámenes genéticos.

En el futuro, Maxey cree que cada donante y recipiente de semen debería ser examinado sobre el riesgo de desarrollar las principales 100 condiciones genéticas recesivas (transmisibles por padres que no manifiestan síntomas clínicos) con el fin de prevenirlas. Pero, sobre todo, propone quitar el componente comercial del medio. “La única solución real para esto es prohibir la venta de este producto viviente único, del mismo modo que se prohibe la venta de sangre o de riñones”.

El hombre que tiene 400 hijos

En una tarde fresca de otoño, en un suburbio de ann arbor, Michigan, un hombre canoso con bigote mira cómo su hijo de 12 años corre detrás de la pelota. La escena es habitual para un domingo, pero el hombre no es un papá cualquiera. Kirk Maxey, de 51 años, es uno de los donantes de semen más prolíficos de Estados Unidos, y quizás del mundo. Entre 1980 y 1994, donó a una clínica de Michigan dos veces por semana. Según sus propios cálculos, teniendo en cuenta la cantidad de muestras producidas, la cantidad de tratamientos que las usaron y la probabilidad de embarazos, Maxey es el padre biológico de 400 chicos, distribuidos a todo lo largo y ancho del estado y quizás del país. Cuando Maxey era estudiante de medicina en la Universidad de Michigan, su primera esposa, enfermera en una clínica de fertilidad, lo persuadió para que empezara a donar semen destinado a parejas que no pudieran concebir hijos. Su semen era muy valorado por la clínica, dado que resultó tener altas chances de producir embarazos. Le pagaban US$ 20 por muestra, pero Maxey afirma que lo hacía más por un sentido de altruismo y un fuerte instinto paternal. “Me encanta tener hijos, y me parecía injusto que hubiera mujeres condenadas a no poder procrear”, sostiene.

Maxey, quien hoy es CEO de Caymen Chemical, una compañía farmacéutica con 300 empleados, dice que en ese entonces no pensaba demasiado sobre el asunto. Cuando se presentó como voluntario por primera vez, no le hicieron un test genético ni recibió asesoramiento psicológico.
Simplemente firmó un compromiso de anonimato, se encerró en un cuarto con un recipiente en la mano y un par de revistas porno, y no consideró las consecuencias emocionales ni genéticas de su ofrenda durante los siguientes treinta años. En la clínica también le dijeron que iban a usar la mayoría de sus muestras para “investigación básica” sobre métodos de fecundación in vitro, que en los años 80 estaban en sus comienzos, cuando en realidad todos los registros analizados indican que fueron utilizadas en forma exclusiva para lograr embarazos. Más allá de cierta actitud displicente que pueda haber tenido, los estándares laxos (y mentiras) de la clínica explican por qué pudo tener tanta descendencia, enfatiza Maxey.

Pero ahora el “padre serial” tomó conciencia. Y en el tiempo libre que le deja el trabajo en su empresa, se transformó en un activista que impulsa mayores regulaciones oficiales del negocio de la donación de semen. También hizo público su ADN a través del Proyecto de Genoma Personal de la Universidad de Harvard (una iniciativa que recluta voluntarios para que pongan a disposición de científicos o cualquier interesado su genoma y distinto tipo de datos personales), y espera que esa información pueda algún día ser de ayuda a sus descendientes y sus madres. “Este es mi esfuerzo para corregir el error”, dice.

A diferencia de los años ‘70 y ‘80, cuando la donación de semen se hacia cais a escondidas, hoy es una práctica mucho más abierta. En parte, porque la infertilidad, las madres solteras y la paternidad homosexual son socialmente mucho más aceptadas. Cryobank California, un banco con tres décadas de experiencia, comercializa un promedio de 30.000 viales de semen por año. En su sitio web ofrece los perfiles de sus donantes, incluyendo desde rasgos físicos hasta religión, educación, profesión, hobbies y deportes favoritos. El donante 11194, por ejemplo, es un actor y empleado de restaurante con madre anglo-húngara y padre germano-holandés, ojos celestes y sonrisa amistosa, un “caballero que le da valor a la honestidad y el honor” y que pretende ser “un catalizador de cambios positivos en el mundo”. Su rostro, prometen en la empresa, tiene (¿cierto?) parecido con los del bailarín y coreógrafo Derek Hough, el actor Rick Schroeder y el Príncipe William, el hijo mayor de Carlos y Lady Di. Y todo por US$ 535.

Al mismo tiempo, donantes y descendientes se empiezan a contactar entre sí a través de sitios web como Donor Sibling Registry. En 2007, dos de las hijas de Maxey, Ashley y Caitlyn Swetland (hoy de 18 y 21 años) usaron ese site para identificarlo. Las hermanas vivían a escasos 45 minutos de su casa, y a partir de ese momento se visitan unas pocas veces al año, salen a tomar helados o escalar montañas con su padre biológico y su hijo. “A su mamá le habían dicho en la clínica que mi semen se usaría sólo para concebir no más de seis chicos”, protesta Maxey. El episodio lo hizo reflexionar. “Yo pensé que los médicos iban a llevar un registro de cada nacimiento, y no lo hacen… ¿qué pasaría si dos de ellos empiezan a salir?”(en realidad, admitirá luego, las probabilidades matemáticas de que dos de sus descendientes se conozcan y se casen es de apenas uno en un trillón). También lo preocupa su salud genética. “Quería saber si les podía haber transmitido alguna mutación genética particular”, afirma.

Aún hoy, los bancos de semen no están estrictamente regulados. En EE. UU., sólo hay guías de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva que recomiendan que los donantes aporten una historia médica completa  para descartar “anormalidades genéticas” o una historia familiar de enfermedades hereditarias, del mismo modo que propone que reciban asesoramiento psicológico. Pero no hay pautas que guíen la reacción de donantes que son encontrados por sus vástagos, o reglas unívocas sobre cuántos chicos pueden ser concebidos a partir de un solo donante.

Hay clínicas que empiezan a responder algunas de estas cuestiones. En octubre, la revista de la Asociación Médica de Estados Unidos informó que un donante de 23 años, cuyo semen fue utilizado por un banco de San Francisco, le transmitió una afección genética del corazón a nueve de sus 24 descendientes, incluyendo un nene que murió por falla cardíaca a los dos años. Desde entonces, el banco de semen le realiza electrocardiogramas a todos sus donantes potenciales. Maxey asegura que hay documentados docenas de casos donde la progenie de otros donantes, no bien evaluados, sufrió de severas afecciones congénitas o incluso la muerte.

Cappy Rothman, el director médico de California Cryobank, afirma que su banco realiza el “screening” genético de sus donantes. Pero como la mayoría de las empresas del ramo, no fija un número de familias por donante, aunque trata de limitarlo a un rango entre 15 y 25. Tampoco ofrece asesoramiento psicológico, aunque sí sostienen que se aseguran de que el donante comprenda la importancia de lo que está haciendo.

En la Argentina, donde se inseminan poco más de 200 mujeres por año con semen donado, la actividad tampoco está totalmente regulada. Raymon Osés, director de Cryo-Bank en Buenos Aires, dice que según las guías de la  Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (que un mismo donante no se utilice para más de 25 pacientes por cada 750.000 habitantes) se podría usar un solo donante para el centenar de mujeres que se hacen el tratamiento en su centro.  “Pero somos más cautos cuando son grupos que estén muy vinculados entre sí, de pertenencia común o de amigas íntimas o que convivan en pueblos chicos”, declaró en Página/12.

El último año, Maxey se convirtió en uno de los primeros diez voluntarios en publicar su genoma completo en la red, como parte del proyecto PGP de Harvard. Con sólo una muestra de sangre y piel, científicos del PGP constataron que el genoma de Maxey no presenta ninguna sorpresa demasiado desagradable. El ADN revela un leve incremento del 1,9 por ciento en el riesgo de enfermedades cardíacas, comparado con la población general, así como una disminución  en la probabilidad de desarrollar el mal de Alzheimer o perder el cabello (algo que le llamó la atención, porque hoy está calvo casi por completo). “La cuestión no es si cualquier cosa es predecible a partir de los genes, sino si podemos mejorar la calidad de vida con un mayor conocimiento de los genes y el ambiente”, afirma George Church, líder de la iniciativa.

Pero la difusión pública del genoma de Maxey también tiene otra aplicación potencial: sus descendientes ignorados podrían darse cuenta de si es realmente su padre biológico sin haberlo visto nunca cara a cara o tener la necesidad de pasar por el juez. Cualquiera de los, digamos, 398 hijos de Maxey que hasta hoy no lo han contactado, podrían determinar una serie de marcadores genéticos específicos pagando un par de ciento de dólares en compañías como Family Tree DNA o Ancestry.com, para luego compararlos con los que están posteados de su posible padre.

Las posibilidades del reconocimiento genético impulsaron a Maxey a empezar a trabajar con el Donor Sibling Registry para crear una base de datos sin fines de lucro, denominada Cayman Biomedical Research Institute (CBRI), en la que colecta información genética de donantes y descendientes que están interesados en conocerse. Desde que comenzó el proyecto, Maxey logró demostrar el parentezco de cientos de personas, así como media docena de relaciones padre-hijo. CRBI también aboga por mayores regulaciones de los bancos de semen respecto a la información que reciben donantes y familias sobre nacimientos, controles y exámenes genéticos.

En el futuro, Maxey cree que cada donante y recipiente de semen debería ser examinado sobre el riesgo de desarrollar las principales 100 condiciones genéticas recesivas (transmisibles por padres que no manifiestan síntomas clínicos) con el fin de prevenirlas. Pero, sobre todo, propone quitar el componente comercial del medio. “La única solución real para esto es prohibir la venta de este producto viviente único, del mismo modo que se prohibe la venta de sangre o de riñones”.

650 Lanzan comunidad virtual para gays que desean ser padres

De acuerdo con Gaëlle Bargain,administrador a de Co-padres.net, la co-parentalidad es una nueva forma de concebir la familia, destacando las familias reconstituidas, monoparentales, homoparentales y co-parentales
“El concepto de la familia como la entendemos hoy se está ampliando cada vez más y el modelo tradicional; padre más madre biológicos, igual a hijo o hija, ya no es el único que vale”, expuso Bargain y añadió: “Hoy existen muchas formas de hacerse padre o madre”.

La co-parentalidad, aseguró para Anodis, es una de ellas y consiste en criar a un hijo entre dos personas que pueden vivir en pareja o no, estar solteros, casados o divorciados, o ser del mismo sexo, formando una familia fuera del esquema tradicional.

Por esta razón surgió Co-padres.net, disponible en cuatro idiomas (francés, inglés y español y alemán) cuyo objetivo es ayudar a estas familias a nacer, ofreciendo un espacio de encuentro entre personas que comparten el sueño de ser padres o quienes quieren ayudarles; por ejemplo, donantes de esperma y óvulos.

Actualmente, la comunidad virtual de Co-padres.net cuenta con más de 7 mil 500 personas que, como cualquier otra página de contactos, permite la conexión de hombres y mujeres que desean ser padres o donantes sin ánimo de lucro.

“El funcionamiento también es simple: cada usuario expone su proyecto de co-parentalidad con el fin deponerse en contacto con personas que le podrían ayudar a cumplir su sueño”, señala Bargain.

El sitio de internet fue creado en 2008 por una pareja gay francesa que buscaba a una pareja lesbiana para tener un hijo. Co-Parents (en francés) tuvo un éxito inmediato, no sólo entre el colectivo homosexual sino también entre heterosexuales, que representan hoy un 60 por ciento de los inscritos.

“Desde su creación, más de 8000 personas han utilizado sus servicios, y sus creadores son ya los felices co-padres de una nena preciosa”, apuntó Gaëlle Bargain.

Hoy en día, Co-padres.net agrupa a usuarios de más de 50 nacionalidades diferentes y la versión en español, que fue lanzada apenas en septiembre de 2009, cuenta ya con más de 500 usuarios, en su mayoría de origen mexicano (30%), argentino (20%) y español (20%).

Gaëlle Bargain, administradora de la versión en español, tiene el objetivo de dar a conocer el sitio para ampliar la base de datos y “ayudar a realizar los sueños de paternidad de nuestros usuarios”.

Infertilidad: ansiedad durante el tratamiento

El 90% de las mujeres en tratamiento por infertilidad sufre de trastornos de ansiedad y estrés, reveló un informe de especialistas argentinos que asesoran a un grupo de autoayuda de parejas con problemas de fertilidad.

El trabajo destacó que en Argentina el 80% de las mujeres que no pueden quedar embarazadas en forma natural, recurre a un tratamiento de fertilización asistida.

Irene Dall `Agnoletto médica tocoginecólogo, especialista en medicina reproductiva y asesora del grupo Lazos que reúne a parejas con problemas de fertilidad, señaló que” la ciencia ofrece técnicas y tratamientos cada vez más sofisticados, para tratar la infertilidad “, pero reconoció que “las parejas experimentan sentimientos de frustración, hasta que logran concretar el deseo de ser padres”.

Indicó que “los estudios psicológicos de parejas infértiles demuestran que esta situación constituye una amenaza al proyecto de vida de los pacientes, afectando en algunos casos la autoestima y la vida sexual de la pareja”.

La especialidad añadió que “pueden producir cambios a nivel emocional, social, físico, laboral e incluso, intelectual, el 90% de las mujeres experimenta trastornos adaptativos crónicos con ansiedad, pero sólo un porcentaje muy bajo recurre a la asesoramiento profesional “.

En los últimos congresos mundiales, la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología aconsejar a los centros e institutos que integren psicólogos en los equipos multidisciplinarios, para tratar pacientes con problemas de fertilidad porque la contención profesional mejora la respuesta del paciente al tratamiento.

Cinco niñas de La Fe con cáncer optan a un tratamiento para preservar la fertilidad

LEVANTE-EMV VALENCIA  ?
El hospital La Fe de VALENCIA ha ampliado el programa de preservación de fertilidad en pacientes oncológicas para aquellas niñas y adolescentes diagnosticadas de determinados tipos de cáncer y con un riesgo elevado de infertilidad o fallo ovárico precoz en el futuro, derivado del tratamiento.
Hasta la fecha, se han adherido al programa cinco pacientes, de entre ocho y 18 años, con diagnósticos de linfoma de Hodking, sarcoma de Ewing, tumor cerebral y tumor ovárico bilateral. Además, cuatro de estas menores han firmado ellas mismas, junto con sus responsables legales, los consentimientos informados para realizar el procedimiento.
Este programa de preservación de la fertilidad, iniciado en junio de 2008, está coordinado por la doctora Mª del Mar Andrés, e incluido en el proyecto de investigación Preservación de la Fertilidad en supervivientes de cáncer pediátrico y adolescente, adscrito al grupo de investigación de Oncología Pediátrica que dirige la jefe de Servicio de Oncología Pediátrica, Victoria Castel, en el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital La Fe.
En la iniciativa participan profesionales de los servicios de Ginecología y Reproducción Humana, Cirugía Pediátrica, Anestesiología y Psicología. La doctora Andrés, explicó que el programa “pretende identificar a aquellas pacientes oncológicas pediátricas con un elevado riesgo de infertilidad en el futuro y ofrecerles las mejores opciones de preservación para ellas”.

Infertilidad: ansiedad durante el tratamiento

El 90% de las mujeres en tratamiento por infertilidad sufre de trastornos de ansiedad y estrés, reveló un informe de especialistas argentinos que asesoran a un grupo de autoayuda de parejas con problemas de fertilidad.

El trabajo destacó que en Argentina el 80% de las mujeres que no pueden quedar embarazadas en forma natural, recurre a un tratamiento de fertilización asistida.

Irene Dall `Agnoletto médica tocoginecólogo, especialista en medicina reproductiva y asesora del grupo Lazos que reúne a parejas con problemas de fertilidad, señaló que” la ciencia ofrece técnicas y tratamientos cada vez más sofisticados, para tratar la infertilidad “, pero reconoció que “las parejas experimentan sentimientos de frustración, hasta que logran concretar el deseo de ser padres”.

Indicó que “los estudios psicológicos de parejas infértiles demuestran que esta situación constituye una amenaza al proyecto de vida de los pacientes, afectando en algunos casos la autoestima y la vida sexual de la pareja”.

La especialidad añadió que “pueden producir cambios a nivel emocional, social, físico, laboral e incluso, intelectual, el 90% de las mujeres experimenta trastornos adaptativos crónicos con ansiedad, pero sólo un porcentaje muy bajo recurre a la asesoramiento profesional “.

En los últimos congresos mundiales, la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología aconsejar a los centros e institutos que integren psicólogos en los equipos multidisciplinarios, para tratar pacientes con problemas de fertilidad porque la contención profesional mejora la respuesta del paciente al tratamiento.