La espera para la reproducción asistida en el Sergas obliga a ir a la privada
Como fruto del retraso de la maternidad, la sanidad gallega hace frente a una demanda cada vez mayor de parejas que quieren someterse a tratamientos de reproducción asistida. El Servizo Galego de Saúde (Sergas) ofrece tratamientos de fecundación in vitro, de inseminación o microinyecciones espermáticas en los complejos hospitalarios de Vigo y A Coruña. Creada en 1989, ésta última unidad fue pionera en el Sistema Nacional de Salud, y realiza unos 900 ciclos de reproducción al año con un índice de embarazo del 30%.
Con todo, la limitación de los recursos públicos lleva a muchas parejas a recurrir a clínicas privadas ”hartas de esperar tratamientos que se prolongan durante años” o al escuchar que ”no son aptas” para concebir, tras someterse a varios intentos fallidos. Según denuncia la presidenta de la Asociación el Defensor del Paciente, Carmen Flores, las esperas ”pueden llegar a dilatarse hasta dos años”, lo que para una mujer que afronta la maternidad tras pasar los 36 años, se traduce en ”tensión” y en miedo a que ‘’se le pase el arroz”.
Instituciones privadas ”más flexibles”
Los profesionales del servicio público atribuyen en parte estos hechos a los criterios ”más flexibles” que ofrecen algunas instituciones privadas. Por regla general, en el Sergas una mujer es sometida a un máximo de dos ciclos anuales de estimulación hormonal, debido a que muchos facultativos juzgan que a ciertas edades ”no es preceptivo abusar”.
La directora del Centro Gallego de Reproducción Zygos, María Graña, refuta este argumento. ”La limitación de los ciclos no depende de los niveles de hormonas, pues en la fertilización in vitro (FIV) son inferiores que los niveles que se alcanzan en un embarazo natural o mediante técnicas convencionales”, explica. La doctora de la clínica compostelana apunta que únicamente es ”aconsejable” que entre dos intentos transcurran tres meses, por lo que en un año ”la mujer puede someterse a cuatro tratamientos”, siempre que su estado de salud ‘’se lo permita”.
Con todo, Graña ve ”comprensible” que la sanidad pública maximice la ”eficiencia” a la hora de evaluar factores como la edad de la paciente y de limitar el número de ciclos para poder llegar ”al mayor número de mujeres”.
Obstáculos
Y es que a medida que pasan los años, aumenta el riesgo de que el embarazo ”induzca algunas patologías en féminas” con problemas de salud, dado que la gestación implica ”una sobrecarga” en el funcionamiento de los órganos. Desde el Instituto de Infertilidad de Vigo (IVI), el director, Elkin Muñoz, incide en que las mujeres mayores de 50 años quedan ”excluidas”, así como las que padecen ”alguna patología que contraindique el embarazo”.
Al igual que en Zygos, en el IVI ”no hay lista de espera”, de manera que en una media de un año una pareja que no se enfrente a complicaciones puede lograr la fecundación. No obstante, el coste es para muchos una barrera. Mientras una inseminación con esperma de la pareja o de un donante ajeno ronda los 800 euros, una FIV o una microinyección espermática se disparan hasta los 5.500. Como contrapartida, el IVI destaca que la tasa de embarazo en FIV llega al 50%, mientras que en la donación de óvulos alcanza el 60, por delante de las inseminaciónes, con un éxito más litimado, de un 20%.
Recuperar el dinero
Con el sueño cumplido en una clínica tras desistir del tratamiento en el Sergas, muchas parejas se plantean reclamar a la Xunta lo invertido. Desde la Asociación El Defensor del Paciente, el abogado gallego Cipriano Castreje dice que ‘’sus posibilidades son escasas”. De hecho, en un dictamen de junio de este año, el Consello Consultivo de Galicia da la razón al Sergas y apunta que la atención pública ”non é unha prestación de resultados senón de medios”, por lo que si el hospital demuestra que puso a disposición de la paciente todos los tratamientos y tecnologías de que dispone, no se puede hablar de negligencia o mala praxis médica.