Durante el diagnóstico

El diagnóstico de un problema de infertilidad/esterilidad puede suponer una auténtica “crisis vital” para vosotros, entendida ésta como una alteración de vuestro equilibrio emocional que genera desorganización, desesperanza, tristeza, ansiedad y confusión.

Según el psicólogo y coordinador del Grupo de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad Agustín Moreno, la infertilidad desestabiliza el equilibrio emocional y de pareja. La autoestima se resiente y surgen sentimientos de culpabilidad y desesperanza.

La infertilidad es una experiencia que implica múltiples pérdidas o duelos para cada uno de vosotros, como son la pérdida del control de múltiples aspectos de la vida, la pérdida de la continuidad genética y del enlace entre pasado y futuro, la pérdida de la posibilidad de poder tener un hijo con la pareja con la que compartís vuestra vida, etc.

Cinco son las etapas del “duelo” que soléis vivir las parejas diagnosticadas de infertilidad:

  • Shock.
  • Enfado.
  • Negociación.
  • Desesperanza.
  • Aceptación.

Shock
Algunos especialistas denominan a esta etapa como de negación y aislamiento, y es por ello que suele ser frecuente que pidáis otro diagnóstico. Puede que intentéis evitarlo y busquéis una manera de salir del problema a través de excusas, como la necesidad de vacaciones o descansar más; es decir, durante esta fase tendéis a pensar que la infertilidad va a ser realmente un problema temporal que acabará por resolverse.

Enfado y búsqueda de culpables
Esta es la respuesta más común a cualquier situación en que la persona se siente tratada injustamente, humillada, desechada o fracasada. La infertilidad causa todos estos sentimientos. Las parejas con vuestro mismo problema se sienten francamente incomprendidas, la infertilidad es injusta y sus cuerpos y mentes se sienten humillados por los interminables estudios, tratamientos y estrés emocional, así que tarde o temprano el enojo aparece como una respuesta a todas las circunstancias desagradables. En algunas situaciones, la ira y el enojo sirven para atacarse mutuamente. Por eso es importante que estéis preparados para afrontar esta etapa unidos.

Negociación
En esta fase es habitual que intentéis hacer lo que sea para recuperar el control y es con este fin con el que intentáis negociar, por ejemplo, prometiendo cosas que haréis si se soluciona el problema.

Depresión o incremento de ansiedad y de tensión
En este largo camino de la infertilidad podéis sentiros abandonados, desesperados y desolados. Pensáis que no existen opciones viables o positivas a vuestro problema. Cualquier esperanza realista es sustituida por depresión e impotencia. La gran implicación emocional influye en la falta de objetividad sobre las expectativas.

Un comportamiento humano habitual es sustituir la culpa por acusación, intentando no sentirse responsable. La culpa es dirigida a veces a la pareja, al doctor o al mundo en general. Este sentimiento de culpa es es sí mismo muy dañino, ya que presupone la asunción de una responsabilidad sobre una situación de la que no sois de ninguna manera responsables.

Durante esta etapa se ven amenazadas:

  • La seguridad en vosotros mismos.
  • El sentido de masculinidad o feminidad.

Este sentimiento de ansiedad o culpa retrasa la recuperación. En esta fase es fundamental no olvidar que los tratamientos de infertilidad son una carrera de fondo en la que hay que aprender a administrar las fuerzas que se tienen, con los descansos que sean necesarios para poder recuperarse entre tratamientos. Es fundamental superar esta etapa y pasar a la siguiente.

Aceptación
En esta fase no ha desaparecido el problema, pero habéis aprendido a manejarlo de forma emocionalmente sana. Todo el proceso anterior os permite comprender porqué habéis mostrado o mostráis:

Aislamiento social y personal

Dado que aún existen muchos tabúes y falsos mitos sobre la fertilidad, soléis tener dificultades para explicar vuestra situación a las personas de vuestro entorno. Los hombres os encontráis, además, con que la infertilidad masculina generalmente se asocia, equivocadamente, a una falta de virilidad.

Culpa
Es muy común que experimentéis un sentimiento de culpa. Cuando aún se está tratando de determinar la causa de la infertilidad, es habitual que uno de vosotros piense que sus comportamientos anteriores han podido alterar su capacidad reproductiva. Tendéis a lamentaros por haber utilizado métodos anticonceptivos antes de saber si podíais o no tener problemas de infertilidad.

Ansiedad
Se presenta ante la posibilidad de que el tratamiento no tenga los efectos esperados o a que pueda resultar perjudicial para vuestra salud o para la de vuestra posible descendencia.

Depresión
Podéis deprimiros, entre otros motivos, debido a que os veáis incapaces de afrontar el tratamiento, de compartir vuestros problemas con vuestro entorno o por las dificultades de sobrellevar la situación dentro de la pareja.

Cambios de la relación de pareja

La relación de pareja puede verse afectada por el tratamiento de infertilidad. Este tratamiento está caracterizado por continuas visitas médicas, intervenciones quirúrgicas, toma de la temperatura diaria, y en ocasiones, una programación de los momentos para tener relaciones sexuales. Todos estos requisitos suponen una importante alteración de vuestra rutina diaria que afecta a muchos aspectos de vuestra vida en pareja, vuestro bienestar físico y psicológico, vuestras relaciones sociales, etc. Además, la comunicación entre vosotros suele dificultarse durante el tratamiento para la infertilidad.

Un estudio (Moreno Rosset et al.) ha documentado que las principales emociones experimentadas por las mujeres cuando se les informa sobre el diagnóstico de infertilidad son frustración, impotencia y tristeza.

Además, según este estudio, las mujeres documentan mayor grado de tensión que los varones tanto en el momento de la información diagnóstica como durante todo el tratamiento.

Varones y mujeres responden de forma distinta a esta situación. Las mujeres son más resistentes al dolor y a los problemas emocionales, pero se deprimen con más frecuencia. Los varones son más reacios a acudir al psicólogo y cuando la causa de la infertilidad es masculina se aíslan más.

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